Mientras que ayer se respiraba una tensa calma en los tres puntos de protesta, en contra de la hidroeléctrica Barro Blanco, en Tolé, los principales líderes de las diferentes corrientes indígenas ngäbes preparaban un borrador con una propuesta a presentar a la Comisión de Alto Nivel, que se reúne hoy a las 9:00 a.m. en el Centro Misionero Jesús del Obrero, en Tolé, oriente de Chiriquí.
La irrupción de agentes y oficiales de la Policía Nacional en el campamento de Barro Blanco, la noche del martes, la cual fue una jugada psicológica de los uniformados para suavizar la actitud de los indígenas y abrir los portones del proyecto que facilitara el ingreso de los trabajadores, no ha sido aceptada del todo por los seguidores del culto de Mama Tatda y del Movimiento 22 de Septiembre (M-22). Sus rostros reflejan el cansancio, la impotencia y su debilidad a raíz del divisionismo de su movimiento.
Ayer, las informaciones sobre los pasos a seguir se intercambiaban a través de mensajes de whats app y de texto, a través de sus celulares. Los mensajes decían que se les trataba de comprar conciencia.
En Viguí, frontera entre Veraguas y Chiriquí, el dirigente Toribio García, del M-22, molesto porque agentes de la Policía Nacional pedían que quitara una pancarta con un mensaje anti hidroeléctrica, dijo que aún desconocía si su grupo se presentaría a la cita en Tolé, hoy viernes.
En la entrada de Barro Blanco, una veintena de seguidores de la congregación Mama Tatda, siguen allí sentados, en sillas plegables, imperturbables. Han afirmado que se mantendrán allí hasta que se derribe la presa, una esperanza que solo la fuerza de sus creencias religiosas podría lograr.
Un fuerte aguacero que se presentó en el área empapó la leña con que preparaban la bebida de cacao que han probado por más de 36 días. Pasado el vendaval, los indígenas buscaban leños secos para encender el fogón y volver a su vigilia de todas las noches.
Tras la injerencia del contingente policial, algunas maquinarias ingresaron ayer al sitio de la hidroeléctrica Barro Blanco, ante una mirada de frustración de los poco indígenas que se mantienen en el campamento erigido hace más de 37 días.
La cacica Clementina Pérez, quien dirige el culto de Mama Tatda y el M-22, no está en el lugar, pero sus seguidores manifiestan que realiza algunas diligencias del movimiento que lucha por la liberación del río Tabasará.
Más allá, en la vía Interamericana, en el puente sobre el río Viguí, frontera de Veraguas con Chiriquí, la vigilancia policial se mantiene allí como punto estratégico. La Policía ha señalado que ya no se permitirán más cierres de vía.





