Diablos en el infierno

9:38 a.m. - Atrás quedaron los derrumbes e inundaciones. Las calles de Portobelo, en Colón, estaban preparadas para albergar el VII Festival de Congos y Diablos, uno de los principales eventos que se desarrollan en el área.Lamentablemente, la falta de organización acostumbrada en el país, oscureció el despliegue autóctono que debió haber sido el protagonista en este pueblo de historia colonial.

A pesar de estar programado para las 2:00 p.m., las calles de este peculiar lugar fueron colmándose desde las primeras horas de la mañana de curiosos. Algunos, de comunidades cercanas; otros, turistas extranjeros, pero la gran mayoría venían de la capital a presenciar esta inusual actividad cultural.

En un plan de reordenamiento vial elaborado por la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre, la calle principal del pueblo iba a ser clausurada para que el público pudiera moverse sin preocupación. Sin embargo, los que allí se dieron cita tenían que estar muy pendientes de no ser atropellados, no por los carros, sino por los camiones y los diablos rojos. Estos últimos pusieron también en peligro la integridad física de algunos de los participantes del festival.

RuidoLa tarima principal tenía en cada esquina unas bocinas por donde brotaba la música que después se escucharía en vivo. Por desgracia, un restaurante muy cercano a la misma poseía parlantes de la misma intensidad, y la salsa clásica se mezclaba con los inconfundibles tambores africanos del Congo. Peor aún, en la parte posterior de la plaza, un sistema de sonido mucho más profesional que el de la tarima y el del restaurante juntos, se tomaba las frecuencias auditivas con la estridencia de la música reggae.

Al mediodía, el sol se había convertido en el principal protagonista de la jornada, y la molestia se notaba en los rostros de los que estaban en el pueblo, quienes al mismo tiempo buscaban hacerse un lugar en los pocos lugares con sombra.

RetrasoY con todos estos ingredientes, a las 2:00 p.m. casi todos los presentes, quienes en total rondaban cerca de los 3 mil, estaban frente a la tarima esperando la primera presentación. Sin embargo, ninguno de los que desplegarían sus conocimientos de danzas folclóricas estaba listo, por lo que no fue hasta las 3:00 p.m., cuando el público chiflaba y vociferaba en un descoordinado coro “cuándo”, que dos chicas salieron a dar el discurso de presentación.

Luego de recordar que tuvieron dos años organizando dicho evento, y agradecer de manera muy emotiva y profusa a la Autoridad de Turismo de Panamá, el primer grupo subió las escaleras y comenzó a deleitar al público al son del Congo.

La multitud, aún con el intenso sol, empezó a disfrutar del espectáculo, entre ellos, el vicepresidente y canciller de la República, Juan Carlos Varela, quien se movía entre el público con incontables guardaespaldas.

Así, y a pesar de los infortunios de la mala organización, los diablicos sucios y los peculiares bailes del Congo cumplieron con las expectativas de los visitantes.


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