3:35 p.m. - ANTÓN, COCLÉ. -En la vieja casa de quincha, a dos cuadras del parque central de Antón, vive Eloísa, de 75 años de edad.
Ella detalla con orgullo la tarea de usar el fogón de leña montado sobre tres piedras de río para procesar a fuego lento los ingredientes de los populares dulces de Semana Santa, como los populares suspiros, queques, cabangas y bienmesabe.
Sus vistosas y variadas presentaciones hacen de los dulces y panes una parada obligatoria de las personas que visitan el interior del país para estas festividades, quienes no desaprovechan la ocasión para llevarse las porciones a sus hogares.
En un inicio, el sello distintivo de estos productos era el empaque que tenía: pequeñas totumas (vasijas de calabazo) para darles un toque muy especial y original.
Hoy día los dulces ─ como los huevitos de leche, cocadas, raspaduras con coco, bollo dulce de coco ─ de Semana Santa siguen siendo caseros y colocados en vasijas plásticas transparentes.
MANO DE OBRA
La preparación y elaboración de estos ricos platillos, como el manjar blanco, tiene detrás a gente que trabaja con esmero, curiosidad y dedicación.
La gente no ha perdido el interés por estos productos. Es ya una costumbre recibir en los puestos de ventas de la vía Interamericana a cientos de clientes todos los años, principalmente durante la Semana Mayor, relata Yadira Betancourt, quien lleva varios años dedicándose a esta actividad.
Como una señal de que los productos son bien reconocidos dice que: el que no lleva dulces de Antón no ha visitado el interior del país.
Según relatan los vendedores, los bocadillos aún mantienen precios cómodos para los clientes.

