11:35 a.m. - LA VILLA, Los Santos. (ACAN-EFE). Un día al año, los diablos andan sueltos en un poblado del suroeste de Panamá correteando a los moradores y lanzándoles petardos, para luego repartirse el cielo y la tierra en un efímero reinado que concluye hoy, con la celebración del Corpus Christi.
El poblado de La Villa, en la provincia de Los Santos, a unos 250 kilómetros de la capital panameña, celebra desde el sábado pasado y hasta la próxima semana estas fiestas paganas, que logran mezclar la solemne religiosidad de la fe cristiana con las expresiones más autóctonas y alegres del folclor de Panamá.
La Víspera del Corpus se celebró el miércoles, cuando los diablos se soltaron en el pueblo e hicieron de las suyas, para después cuartear el Sol y dividirlo en cuatro partes como representación del dominio total del cielo y de la tierra.
Jorge Surís, de 71 años y quien es el diablo más viejo del pueblo, explicó a Acan-Efe que en la ceremonia de la Víspera del Corpus el diablo mayor, su capitán, su hijo mayor y la diablesa hacen la división del cielo y de la tierra, creyendo así que todo lo dominan.
Los diablos se comienzan a esparcir por todas partes hasta el día del Cuerpo y Sangre de Cristo (hoy jueves), cuando se recogen, añadió Surís, quien representó al gran diablo o diablo mayor durante más de 20 años, hasta 2009, y ahora es el maestro de los nuevos personajes principales del rito pagano.
Un gran diablo y una diablesa ataviados de rojo y negro y con máscaras coloradas de grandes cuernos y dientes afilados, corretearon junto a un pequeño séquito de diablillos durante el miércoles a decenas de niños, jóvenes y adultos en la céntrica plaza Simón Bolívar del pueblo.
Ni siquiera la pertinaz lluvia que bañó a La Villa amilanó el ánimo de los diablos sueltos, que al ritmo de una flauta y unos tambores de cadencia suave y monótona recorrieron el centro del poblado lanzando estruendosos petardos que arrancaban gritos de susto y diversión a los más pequeños.
Las campanadas de la iglesia marcaban el final de los segmentos de la danza, que volvía a comenzar cuando la diablesa, que anuncia su paso con campanillas y petardos, retomaba su carrera callejera dejando tras de sí una estela de humo y fuerte olor a pólvora.
Arístides Burgos, presidente de la Asociación Rescate de Danzas Miguel Leguizamo, organizadora de las fiestas, dijo a Acan-Efe que la danza del diablo del miércoles, lo mismo que todas las demás que se realizan a lo largo de las casi dos semanas que duran las celebraciones, son una gran adoración a Cristo y una demostración de la devoción cristiana.
El diablo dice que domina el mundo, pero definitivamente es un juego de diablos a favor de Dios, porque en todo esto existe una simbología oculta en la que el diablo es el eje motor y la Cruz es el eje protector, afirmó Burgos.