Todos fueron sobresalientes

Después de haber escuchado en la semifinal a Yuki Ishimura (21), la concursante más joven del Concurso Internacional de Piano Nelly y Jaime Ingram, me quedé pensando cómo la música rompe las barreras que los hombres ponemos entre unos y otros. Yuki es japonesa y estudia en París.

No habla español, y casi nada de inglés. Yo no hablo japonés ni francés. Pero cuando Yuki se sentó al piano a interpretar un compositor brasileño y otro ruso, me lo dijo todo. No hubo necesidad de palabras. Los asistentes pudimos, por un instante, dialogar con Yuki por medio de la música.

Según el repertorio requerido en el Concurso, los semifinalistas ejecutan obras de compositores del siglo XX. En el siglo pasado, la música en general evolucionó de muchas maneras diferentes, al igual que la pintura, el teatro o la literatura. Surgen nuevas corrientes como el Impresionismo, Modernismo, Expresionismo o Experimentalismo que rompen los esquemas tradicionales. Los compositores se alejan de las normas establecidas desde el gran Bach y acogen a nuevas técnicas de composición, como la atonalidad y el dodecafonismo.

Con este emocionante y diverso repertorio sobresalieron todos. El estadounidense Luke Norrel inició esta ronda con una ejecución maravillosa de la Sonatina Rítmica de Roque Cordero. Marco Antonio Cuevas con el Etude Tableaux Op. 39, No. 9 de Rachmaninoff, Víctor Díaz Hurtado con una emocionante interpretación de Lecuona y a Rexa Han con gran virtuosismo en Dumka de Tchaikowski.

Fue precioso escuchar el viernes a jóvenes interpretar grandes compositores como el brasileño Villa-Lobos, del cubano Lecuona, los rusos Tchaikowski y Rachmaninoff, el francés Debussy y el panameño Roque Cordero. En la semifinal la música misma es la ganadora porque trasciende en el tiempo y en el espacio.

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