La economía panameña crece, pero el empleo no. La demanda interna sigue deprimida, con sectores claves como la construcción, comercio al por menor y hoteles/restaurantes particularmente rezagados. El país experimenta crecimiento económico y crisis laboral, a la vez.
El 70% de los empleos en Panamá son presenciales, y en el 2020, el país adoptó las más severas políticas de restricción de movilidad, pagando el precio socioeconómico más alto, que incluyó la cuarta mayor contracción económica en el mundo. La planilla estatal aumentó, pero el sector privado sufrió la peor catástrofe laboral de su historia, en la cual 364 mil trabajadores asalariados (42% del total) perdieron sus empleos en un solo año, y a otros 284 mil (32%) se les suspendieron sus contratos. En el 2021, se recuperaron unos 156 mil de esos empleos perdidos, pero la economía no está generando nuevos empleos. La actual crisis laboral que enfrenta el país no es de “empleo”, sino de “confianza”, ante el aumento de la incertidumbre para las inversiones.
Generar empleos formales requiere confianza, inversión y consumo. Se necesita atraer Inversión Extranjera Directa (IED). Panamá ha sido históricamente un destino favorito para la IED , pero ésta cayó 86% en el 2020 y 12.6% en el 2021. Hoy Costa Rica es el país que, proporcional a su economía, atrae la mayor cantidad de IED en el mundo.
No habrá inversión sin confianza, ni rentabilización de ésta sin consumo. Crear confianza no es un “acto”, es un proceso. No se decreta, se construye. Sin confianza no habrá inversión, ni creación de empleos dignos.

