25 años del 11-S: la agonía de los familiares de las víctimas de los peores atentados de la historia de EU

25 años del 11-S: la agonía de los familiares de las víctimas de los peores atentados de la historia de EU
John Resta y su esposa Sylvia / Tom Resta

Alice Cuddy

El gobierno de Estados Unidos lo ha calificado como el “acto criminal más atroz cometido en suelo estadounidense en la historia moderna”.

Sin embargo, un cuarto de siglo después, el juicio contra el presunto cerebro de los atentados aún no ha comenzado y las familias de las víctimas temen que se agote el tiempo para que se haga justicia.

El hermano de Tom Resta, John, y su esposa, Sylvia —quien estaba embarazada de siete meses—, se encuentran entre las casi 3.000 personas que perdieron la vida el 11 de septiembre de 2001, cuando unos secuestradores estrellaron aviones contra el World Trade Center de Nueva York y el Pentágono, en Virginia. Un cuarto avión se estrelló en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros se rebelaran.

La pareja había estado preparando la habitación de su futuro bebé, decorándola con personajes del programa infantil Blue’s Clues, pocos días antes del 11-S. Habían soñado con tener un hijo y adoraban a los niños de sus amigos y familiares.

El día de los atentados, ambos trabajaban como operadores financieros en la planta 92 de la Torre Norte del World Trade Center.

“Después de tanto tiempo, todavía se me hace un nudo en la garganta”, declaró Resta a la BBC entre lágrimas. Aunque han pasado 25 años, afirmó que el 11-S está “casi constantemente” en su mente.

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Los ataques del 11-S dejaron casi 3.000 víctimas mortales. / Getty Images

El temor de no vivir para ver el juicio

Resta ha viajado en cuatro ocasiones a la base naval estadounidense de Guantánamo para presenciar las complejas audiencias preliminares del juicio contra Khalid Sheikh Mohammed —presunto cerebro de los atentados— y sus coacusados, un proceso que describe como “arduo y tedioso”.

Durante la “guerra contra el terrorismo” que siguió a los ataques del 11-S se estableció una prisión militar en esa base, situada en el sureste de Cuba.

Allí permanece recluido Mohammed —conocido a menudo como KSM— desde hace 20 años, sin haber sido condenado nunca.

Los familiares de las víctimas participan en un sorteo para asistir a las audiencias en una sala de alta seguridad, donde un grueso cristal los separa —a ellos y a los miembros de la prensa— de los acusados.

El proceso previo al juicio se ha prolongado tanto que ya ha sido presidido por cinco jueces militares distintos. El mes pasado, a medida que se acercaba el 25º aniversario, hubo mucha actividad y cierto avance: se fijó la fecha del juicio contra Mohammed para junio de 2028.

Sin embargo, Resta se preparaba para nuevos retrasos: dado el tiempo transcurrido, algunos de sus familiares temían no vivir lo suficiente para ver la celebración del juicio.

“Mi padre cumplirá 98 años en noviembre y no creo que espere llegar a verlo. Tengo muchos familiares —tíos y tías— a quienes les gustaría presenciarlo. Pero, en particular, no creo que mis padres esperen vivir lo suficiente”, comentó.

“Ojalá todos los acusados sigan vivos para cuando llegue el juicio. Es una gran preocupación”, añadió.

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Un homenaje luminoso sobre el horizonte de la ciudad de Nueva York en el aniversario de los atentados en 2024. / Getty Images

Los familiares de otras víctimas del 11 de septiembre compartían los temores de Resta sobre posibles nuevos retrasos en el juicio.

A principios de este año, Stephan Gerhardt realizó su sexto viaje a Guantánamo. Afirmó que para él era vital que se dictaran condenas por la muerte de su hermano menor, Ralph, aunque también era algo en lo que desearía no tener que pensar más.

“Quiero centrarme en los recuerdos”, afirmó.

“Todavía conservo el coche de Ralph. Intento restaurarlo y dejarlo impecable... Hace poco visité a mis padres y encontramos algunas cosas suyas que ellos guardaban; lo que uno siente es algo así como: ‘Sí, son solo cosas viejas, pero pertenecieron a mi hermano pequeño’”.

Gerhardt señaló que su “mayor preocupación” era que Mohammed y sus presuntos cómplices fallecieran sin haber sido condenados.

“Están envejeciendo. No quiero que mueran sin haber sido condenados, porque sería una injusticia para todos los familiares: capturamos a estas personas, pero nunca llegamos a juzgarlas ni a condenarlas por el asesinato masivo de nuestros seres queridos”.

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Khalid Sheikh Mohammed, tal como apareció en la página web de los más buscados del FBI. / FBI

Cómo la tortura complicó el caso del 11-S

Mohammed ha sido acusado de delitos que incluyen conspiración y asesinato. El acta de acusación enumera a 2.976 víctimas.

Se le acusa de idear un plan consistente en entrenar a pilotos para estrellar aviones comerciales contra edificios y presentárselo a Osama bin Laden, líder del grupo militante islamista al Qaeda.

Anteriormente, él mismo afirmó haber planeado la “operación del 11 de septiembre de la A a la Z”.

Sin embargo, días después de que se fijara la fecha del juicio para 2028, el juez militar desestimó las confesiones que Mohammed hizo a agentes del FBI en la base de Guantánamo tras ser trasladado allí desde prisiones secretas de la CIA —conocidas como “sitios negros”— donde había permanecido recluido durante años.

En su fallo, el juez describió el trato que la CIA dio a Mohammed como un “abuso físico y mental extraordinario”.

Dictaminó que las confesiones no fueron voluntarias y que no podían utilizarse contra Mohammed en el juicio.

Los expertos señalan que la tortura a la que fueron sometidos Mohammed y sus presuntos cómplices ha sido la principal causa de los prolongados retrasos del caso.

“Todos los aspectos del caso se han litigado en torno a la cuestión de la tortura”, afirmó Kasey McCall-Smith, profesora de derecho internacional en la Universidad de Edimburgo.

Señaló que los acusados fueron sometidos a “años de abusos”, entre ellos la técnica de ahogamiento simulado (waterboarding) y posturas forzadas.

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John y Sylvia Resta el día de su boda. / Tom Resta

John Ryan, autor del libro America’s Trial: Torture and the 9/11 Case on Guantanamo Bay (“El juicio de Estados Unidos: tortura y el caso del 11-S en Guantánamo”), explicó que el fallo del mes pasado implica que la fiscalía pierde lo que había calificado como su prueba más sólida contra Mohammed, aunque no está claro qué impacto tendrá esto en el caso.

Los fiscales cuentan con otras pruebas, según Ryan, como llamadas telefónicas interceptadas y grabaciones secretas, pero no está garantizado que puedan presentarse en el juicio.

“El equipo legal de Mohammed y los equipos de defensa de los otros acusados presentarán mociones para intentar excluir también algunas de estas categorías de pruebas”.

Durante la administración de George W. Bush, Estados Unidos admitió haber utilizado “técnicas de interrogatorio mejoradas” para obtener información de los sospechosos, y alegó que esos métodos salvaron vidas sin llegar a constituir tortura.

El presidente Barack Obama prohibió estas prácticas en su segundo día de mandato.

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El presidente George W. Bush en el Air Force One después de los ataques. / Getty Images

Los familiares de las víctimas afirman que la tortura a la que fueron sometidos los acusados ha obstaculizado hasta la fecha su derecho a obtener justicia.

“Si no los hubiéramos torturado, las implicaciones legales habrían sido mucho más sencillas. Probablemente habrían sido condenados a muerte hace mucho tiempo”, afirmó Gerhardt.

Y agregó: “No puedo controlar lo que hizo el gobierno y tenemos que vivir con las consecuencias”.

¿Juicio o acuerdo de culpabilidad?

Tanto Gerhardt como Resta viajaron a Guantánamo a principios de 2025, cuando Mohammed y dos de sus coacusados debían declararse culpables en virtud de un controvertido acuerdo alcanzado con los fiscales del gobierno de EE.UU. para evitar un juicio que podría conllevar la pena de muerte.

La BBC los acompañaba en la base cuando el proceso de declaración de culpabilidad se suspendió a última hora, después de que el gobierno estadounidense argumentara que “privar al gobierno y al pueblo estadounidense de un juicio público sobre la culpabilidad de los acusados y de la posibilidad de la pena capital” causaría un daño “irreparable”.

La disputa legal sobre la validez del acuerdo continúa.

Algunos familiares de las víctimas consideraron que el acuerdo era la única vía posible, mientras que otros lo criticaron por ser demasiado indulgente y carecer de transparencia.

Resta afirmó que había apoyado el acuerdo para garantizar que fueran condenados.

“Mi filosofía es que estos sujetos no son el tipo de personas que deberían andar libres por las calles; por mí, pueden quedarse justo donde están. Solo quiero que sean condenados”, declaró.

Brett Eagleson, cuyo padre, Bruce, murió en los atentados, expresó que prefería un juicio completo a un acuerdo de declaración de culpabilidad.

“No se trata tanto de opinar sobre si estos prisioneros deben vivir o morir, sino de que creo en el sistema judicial y en que el proceso funciona. Considero que un juicio, la fase de presentación de pruebas y la exposición pública del caso son la manera de sacar a la luz la verdad”, afirmó.

Un capítulo que sigue sin cerrarse

Eagleson describió la situación en Guantánamo como un “desastre” y afirmó que había decidido no asistir a ninguna de las audiencias previas al juicio que se celebran allí.

“Mi sensación general es de traición por parte del gobierno de EE.UU. y de frustración extrema”, declaró. “Han arruinado absolutamente todas las fases de este juicio”.

25 años después de los atentados, señaló que, si bien el 11 de septiembre seguía muy presente en su propia vida, para el público en general se estaba convirtiendo en “un acontecimiento histórico”.

“Creo que la gente simplemente asume que atrapamos a Bin Laden, que ya salimos de Irak y que la guerra de Afganistán terminó; dan por hecho que ese capítulo ya se cerró”.

Cuando finalmente comience el juicio ante el tribunal militar de Guantánamo, se estima que durará alrededor de un año.

La profesora Kasey McCall-Smith explicó que el objetivo de las audiencias previas al juicio era determinar “qué pruebas se admiten y cuáles no”.

“Si eso se acuerda de antemano, el juicio puede desarrollarse con mayor agilidad”, detalló.

Mientras los familiares de las víctimas se preparaban para conmemorar un nuevo aniversario de la muerte de sus seres queridos, Gerhardt expresó su deseo de que llegue el momento en que el juicio concluya y ya no tenga que pensar en Guantánamo ni viajar allí.

“Es un lugar al que no quiero volver. Quiero vivir mi vida y disfrutar de mis aficiones y de los recuerdos de Ralph”, afirmó.


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