REDACCIÓN INTERNACIONAL, (AFP). -Los iraquíes y las potencias extranjeras estaban este viernes aliviados con la dimisión del primer ministro saliente Nuri al Maliki, considerada fundamental para afrontar la crisis militar, política y humanitaria que han abierto en el país los yihadistas.
Tras la partida del chiita Al Maliki, en el poder desde 2006, la gran pregunta es si el nuevo primer ministro, su correligionario Haidar al Abadi, será capaz de impulsar los cambios profundos que requiere Irak para volver a ser un país unido y no dividido en facciones étnico-religiosas, como es el caso ahora.
"La renuncia de Al Maliki es una decisión positiva de cara a una salida de crisis", dice un residente de Bagdad, Salah Abu al Qassem, de 38 años, añadiendo sin embargo con desconfianza que en su opinión Al Abadi y Al Maliki "son de la misma escuela".
"No creo que el cambio de gobierno sea una solución para Irak", dice Mohamed Majid, de 53 años, residente de la ciudad de Samarra, al norte de la capital.
"El partido Dawa [al que pertenecen Al Maliki y su sucesor] lleva diez años marginando del poder a los sunitas", dominantes en la época de Sadam Husein, apostilla Majid. Después de dos mandatos, Nuri al Maliki declaró el jueves que con su renuncia a desempeñar un tercer mandato quiere "facilitar el avance del proceso político y la formación del nuevo gobierno".
Pero según sus detractores, su política ha sembrado demasiada discordia entre los sunitas, mayoritarios en el centro del país, tomado en buena parte por los yihadistas del Estado Islámico en una campaña relámpago en junio.
Desde entonces, el grupo yihadista ha proclamado un "califato" entre Irak y la vecina Siria, donde controla una buena parte del norte del país, ha perseguido a minorías religiosas, ha destruido santuarios y se ha apoderado de varios campos petroleros y de la mayor presa iraquí.
El avance de los extremistas se ha visto acompañado de la huida de cientos de miles de personas. El jueves, el presidente Barack Obama dijo que gracias a una semana de operaciones aéreas estadounidenses se ha podido romper el cerco de la montaña de Sinjar, en el norte de Irak, donde se habían refugiado miles de civiles que huían de los yihadistas.
La pesadilla de esos refugiados, en su mayoría miembros de la minoría yazidí, ha sido uno de los capítulos más dramáticos del conflicto, y una de las razones por las que Obama ordenó las operaciones aéreas en Irak, tres años después de la retirada de las tropas norteamericanas.
"La situación en las montañas mejoró (...) hemos roto el asedio del EI en el monte Sinjar y hemos salvado muchas vidas inocentes", aseguró Obama.
El presidente precisó no obstante que su ejército proseguirá con los ataques aéreos contra los yihadistas en el norte de Irak, iniciados el 8 de agosto.
