Adel Kermiche, uno de los yihadistas que degolló este martes 26 de julio a un cura en una iglesia en Francia, era un joven francés de 19 años con trastornos de conducta, obsesionado con Siria.
Kermiche nació el 25 de marzo en Normandía, una región del noroeste de Francia, donde tuvo lugar el ataque. Según sus vecinos y allegados, viene de una familia numerosa, sin problemas.
Su familia había señalado su radicalización y se preocupaba por el camino que estaba tomando este joven, según un representante musulmán de la ciudad.
Según el diario francés Le Monde, fue seguido por un psicólogo desde los seis años y en su adolescencia estuvo varias veces hospitalizado, incluyendo 15 días en una unidad psiquiátrica.
Descrito como un “niño hiperactivo”, fue excluido de la escuela a los 12 años por “problemas de comportamiento”. Kermiche era una verdadera “bomba de tiempo”, según el testimonio de un joven de su barrio, citado por el diario Le Parisien.
“Hablaba sobre el islam, decía que iba a hacer cosas como ésta (...) Pero no le creí, decía muchas cosas”, contó un adolescente de su barrio a la radio francesa RTL.
Según su testimonio, a Kermiche le “lavaron el cerebro”.
Kermiche vivía con sus padres en una pequeña casa ubicada a menos de dos kilómetros de la iglesia en donde, junto a otro atacante aún no identificado, tomó seis rehenes durante una misa, antes de degollar a un cura y herir de gravedad a un feligrés.
El joven llevaba un brazalete electrónico ya que, aunque nunca fue condenado por la justicia, estaba fichado por los servicios antiterroristas desde 2015 y fue inculpado en marzo y mayo de 2016 por haber intentado viajar a Siria dos veces.