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Benedicto XVI atribuye la pederastia en la Iglesia a la revolución sexual del 68

El papa emérito Benedicto XVI reconoció que le ha ido mejor como maestro que como líder

Benedicto XVI, que cumplirá, en 5, días 92 años, vive en el convento de monjas Mater Ecclesiae, a escasos centenares de metros de Francisco, dedicado a la oración y fuera del foco mediático.



Pero ahora ha roto su silencio para hablar de las causas de lacra de los curas pederastas en un documento de 18 páginas que iba a ser publicado en Semana Santa por el Klerusblatt, periódico mensual de las diócesis bávaras de Alemania, pero que ha sido filtrado por algunos periódicos.



El texto escrito originalmente en alemán y titulado La Iglesia y los abusos sexuales analiza la mayor crisis de credibilidad que azota a la institución milenaria, después de que en febrero el papa argentino convocase a todos los responsables de las conferencias episcopales del mundo en una cumbre sin precedentes en el Vaticano.



En cierta manera, Ratzinger atribuye estos casos a la conquista de la libertad sexual de la Revolución del 68, ya que −a su juicio− "la pedofilia también se diagnosticó como permitida y apropiada".



Así, cita varios ejemplos del colapso moral que −según él− supuso esta sexualidad "sin normas" dentro incluso de algunos seminarios en Alemania donde dice que se establecieron "grupos homosexuales que actuaban más o menos abiertamente, con lo que cambiaron significativamente el clima que se vivía en ellos".



También señala que en otro seminario en el sur de Alemania, los candidatos al sacerdocio y para el ministerio laico de especialistas pastorales (Pastoralreferent) "vivían juntos e incluso los casados a veces estaban con sus esposas e hijos; y en ocasiones con sus novias".



Y hasta hace referencia al caso de un obispo que había sido antes rector de un seminario, que había hecho que los seminaristas "vieran películas pornográficas con la intención de que estas los hicieran resistentes ante las conductas contrarias a la fe".



El papa emérito también establece como causa de los abusos a menores por parte de sacerdotes un cierto "garantismo" a nivel procesual hacia los acusados de pederastia que excluía cualquier condena.



"Se tenía que garantizar, por encima de todo, los derechos del acusado hasta el punto en que se excluyera del todo cualquier tipo de condena", evidencia.



Del mismo modo, señala que hasta que estos delitos no pasaron "a la Congregación para la Doctrina de la Fe", cuando él estaba al frente y con el acuerdo del papa Juan Pablo no se pudo imponer la pena máxima a un sacerdote pederasta, o sea, "la expulsión del estado clerical".



Ratzinger justifica su intervención en este tema como una contribución a la "hora difícil" que atraviesa la Iglesia católica y, como no podía ser de otra manera, dice que se consultó antes con el papa Francisco.



En otra parte del texto, evidencia que la sociedad occidental es una sociedad en la que "Dios está ausente en la esfera pública y no tiene nada que ofrecerle" y señala que "ese es el caso con la pedofilia".



Y agrega: “¿Por qué la pedofilia llegó a tales proporciones? Al final de cuentas, la razón es la ausencia de Dios. Nosotros, cristianos y sacerdotes, también preferimos no hablar de Dios porque este discurso no parece ser práctico”.



A sus ojos, la crisis causada por los casos de abusos de clérigos hace mirar a la Iglesia como algo "casi inaceptable" que hay que “rediseñar”.



Sin embargo, para Ratzinger “una Iglesia que se hace a sí misma no puede constituir esperanza". Ya especifica: "Sí, hay pecado y mal en la Iglesia, pero incluso hoy existe la Santa Iglesia, que es indestructible".

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