El líder de la mayor arquidiócesis de Nueva Jersey inclinó la cabeza y oró junto a un mexicano que ingresó ilegalmente a Estados Unidos hace décadas antes de que éste entrara a un edificio federal para enfrentar una posible deportación, un ejemplo destacado de cómo los líderes religiosos están respondiendo a las acciones del presidente Donald Trump para expulsar a los inmigrantes.
El cardenal Joseph Tobin, jefe de la arquidiócesis de Newark, encabezó un mitin este viernes 10 de marzo en apoyo a Catalino Guerrero, de 59 años, quien –dijo– encarna el costo humano de una política de inmigración fallida.
A Guerrero, cuyos problemas con las autoridades migratorias comenzaron antes de que Trump asumiera el puesto este año, se le dio una extensión de 60 días para que tratara de obtener una suspensión a la orden de expulsarlo.
Guerrero, quien radica en Union City y tiene cuatro hijos e igual número de nietos, “le da un rostro” a lo que con frecuencia se ve como “estadísticas o demonios”, afirmó Tobin antes de la audiencia.
“Ustedes pueden ver cuál es el aspecto de Catalino, y han escuchado cómo ha vivido”, dijo el cardenal. “Ahora le vamos a solicitar a las autoridades que determinarán su destino que no sólo vean su rostro, sino también el nuestro”.
La Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha emitido un flujo constante de críticas a las restricciones de Trump sobre los refugiados y los inmigrantes. Otros grupos religiosos, incluida una red de 37 confesiones protestantes y ortodoxas que trabajan con el grupo de ayuda humanitaria Church World Service (Servicio Mundial de Iglesias), han movilizado a sus feligreses para que combatan las políticas de Trump.
