Cortes de rutas, protestas, violencia, amenazas: la crisis que sacude a Nicaragua desde mediados de abril se ahondó tras la suspensión de un diálogo y la negativa del gobierno de Daniel Ortega de dar el brazo a torcer.
Cientos de pobladores mantienen este sábado los bloqueos de rutas en puntos del norte, centro y sur del país como presión para que Ortega y su esposa y vicepresidente, Rosario Murillo, renuncien al gobierno.
Las protestas, que ya afectan la economía y el abastecimiento del país, dejan más de 83 muertos y 860 heridos, según recuentos de organismos humanitarios y la policía.
Al menos cuatro muertos y cinco heridos dejaron actos violentos el viernes.
La Policía confirmó el sábado la muerte de tres personas y un cuarto fallecido fue reportado por sus familiares, que denunciaron que murió tras ser perseguido por grupos motorizados afines al gobierno.
El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) tenía reportes de siete muertos entre miércoles y viernes en León, Chinandega y Managua, dijo a la AFP su presidenta Ejecutiva, Marling Sierra.
Sierra manifestó que quienes agreden a la población "ya no son fuerzas de choque, sino parapolicías, porque portan armas y están siendo protegidos por la policía y agentes anti disturbios".
Esos grupos están "sin control alguno" y buscan crear el terror en la población, agregó y sentenció: "La seguridad ciudadana esta vulnerable".
Estados Unidos atribuyó la violencia en Nicaragua a "matones controlados por el gobierno, lo que resulta en más muertes de manifestantes", al comentar el Departamento de Estado la situación en el país centroamericano.
La violencia se agudizó tras la suspensión por la Conferencia Episcopal del diálogo entre el gobierno y la oposición por falta de consenso en la agenda para democratizar el país y adelantar las elecciones, algo que el gobierno calificó de "golpe de Estado".
