Italia se debate entre el dolor y la rabia. El terremoto, que en la madrugada del miércoles 24 de agosto asoló el centro del país, con un balance provisional de 290 muertos, 388 heridos y más de 2 mil evacuados, resuena en la conciencia nacional y vuelve a poner el foco en la prevención.
Los geólogos llevan años advirtiendo de que los mil 400 kilómetros de cordillera de los Apeninos que atraviesan el país de norte a sur están condenados a ser cíclicamente castigados por la naturaleza. Pero sus avisos sólo son escuchados cuando la tragedia ya ha cuajado y las víctimas se cuentan por centenares.
Hace siete años, a tan sólo 60 kilómetros del epicentro del brutal seísmo que la semana pasada destruyó en poco más de dos minutos las localidades de Amatrice, Accumoli y Arquata del Tronto, los vecinos del L’Aquila en la región de Los Abruzos vivieron la misma pesadilla. Entonces hubo más de 300 muertos y mil 500 heridos.
Tras la catástrofe, el primer ministro, Silvio Berlusconi, destinó casi mil 120 millones de dólares para reestructurar las zonas consideradas de alto riesgo sísmico. Esta subvención pública sólo podía ser usada en las casas que fueran residencia habitual y no en las segundas viviendas, que en el caso de Amatrice, uno de los pueblos más afectados, eran paradójicamente la mayoría.
Además, más tarde se descubrió que parte de los fondos donados por la Unión Europea para la reconstrucción del centro histórico de la ciudad de L’Aquila pasaron por manos de contratistas que tenían relación con la mafia. Hoy todavía 9 mil personas viven en casas de madera provisionales o de estructuras prefabricadas.
Los bomberos, la protección civil y el ejército italiano continúan excavando sin tregua bajo los escombros. Pero las esperanzas de que suceda otro 'milagro' se extinguen entre la impotencia. En estas horas trágicas, Italia también saca a relucir su cara más bella.
Este domingo se escenificó en los museos del país una de las iniciativas solidarias para recuperar el maravilloso patrimonio histórico de los burgos medievales que el terremoto convirtió en un amasijo de piedras. Lo recaudado en los billetes servirá para devolver la vieja gloria arquitectónica de las 293 iglesias y palacios históricos destruidos.
Sólo en Amatrice, conocido como el pueblo de las 100 iglesias y catalogado como uno de los burgos más bellos de Italia, han sido dañadas más de 3 mil obras de arte. Su pasado de esplendor, morada de los Medici y la casa real de los Borbones -gracias a su posición estratégica entre los Estados Pontificios y el Reino de Nápoles- se reflejaba en su riqueza artística.
El Museo Cívico, que se erigía en la antigua iglesia San Emidio, conservaba una serie frescos de los siglos XIII y XV que narraban la vida de la Virgen María de artistas locales muy cercanos a Rafael. También quedaron parcialmente destruidas dos tablas con Juan Evangelista y la Magdalena y con los santos Pedro y Pablo, además de una Sagrada Familia.
En Arquata del Tronto, a tan sólo 18 kilómetros de Amatrice, se ha deteriorado una copia en lino de la Sábana Santa que se conserva en la catedral de Turín (norte de Italia), en la que la tradición afirma que fue envuelto Jesús tras ser apeado de la Cruz, que data del 1655.
Otras estructuras dañadas fueron la Catedral de Urbino, una antigua catedral católica que sufrió pequeñas grietas estructurales, y el Monasterio Santa Chiara, en la ciudad de Camerino. La Catedral de San Giuliano en la ciudad de Macerata también sufrió daños. La basílica de los monjes benedictinos de Norcia también fue dañada, al igual que los históricos muros medievales de la ciudad.
En fila para entrar al Coliseo está Elisabeth. Es profesora de la Universidad Americana de Roma y está entusiasmada con la decisión de destinar el dinero recaudado por los museos públicos a la recuperación del patrimonio perdido tras el terremoto. “Es una iniciativa loable. Pero debería invertirse más dinero en cultura en general”, señala.
Lizceth es peruana y está vacaciones en Italia con dos amigas. “La verdad es que no sabía de esta iniciativa, pero me parece increíble. Estoy contenta de poder colaborar”, asevera.
“Creo que otros países podrían tomar ejemplo de esta propuesta. Nosotros vivimos un terremoto en Arequipa en 2001. Las casas hechas con Adobe se desplomaron, pero el Gobierno nos decepcionó. Ni siquiera declaró el estado de emergencia y se siguieron pagando impuestos de la luz o el agua”, lamenta.
Sara trabaja en la taquilla de venta de billetes en la entrada del museo de los Foros Imperiales desde hace más de 10 años. “Agosto, siempre es un mes en el que suele haber más turistas”, sentencia. “La mayor parte de los italianos sí sabía que el dinero iba a ser usado en la restructuración, pero los visitantes extranjeros no”, explica.
“La recuperación de nuestro patrimonio – le interrumpe su compañera Claudia- es esencial para conservar nuestra identidad”. “Italia es sinónimo de cultura”, dice con orgullo.
Hasta el momento 50 cascos azules de la cultura se han desplegado sobre las zonas afectadas por el seísmo para poner al seguro la parte del patrimonio histórico y cultural que pueda ser recuperado.
Este lunes los equipos de la Unidad de Crisis del Ministerio de Bienes Culturales de Italia- que componen arquitectos, históricos del arte e ingenieros- aislarán y tratarán de proteger con telas los cúmulos de piedras. Después clasificarán las obras de arte con los códigos que se usan en Urgencias para señalar la gravedad de los pacientes hospitalizados.
Rojo para señalar las obras que están en peores condiciones; amarillo para las que requieren intervenciones inmediatas de restauración y blanco para las que podrán recuperarse más fácilmente.
Agentes de los Carabinieri, expertos en patrimonio cultural, hacen guardia día y noche estos días ante los maltrechos monumentos para evitar robos.
“El verdadero desafío es – aseguró el ministro de Cultura italiano, Dario Francheschini- reconstruir los burgos medievales, que son el principal tesoro de esa zona”. “El 2017 será el año dedicado a los pueblos italianos. ¿Los fondos?, no bastará el dinero recaudado de los museos este domingo”, reconoció.
