El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arribó este martes a Roma, Italia, donde se reunirá con el papa Francisco y funcionarios italianos, en el tercer tramo de su primer viaje internacional desde que está al frente de la Casa Blanca.
Ambos abrirán este miércoles un nuevo capítulo de sus relaciones diplomáticas marcadas hasta ahora por los desencuentros.
La reunión ha sido milimétricamente insertada justo antes de la catequesis semanal que el papa pronuncia ante los fieles en la Plaza de San Pedro. Ese mismo día Trump se desplazará a Bruselas (Bélgica) para participar en la reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y el viernes regresará a Italia para asistir a la cumbre del G-7 en la ciudad siciliana de Taormina.
De hecho, el Air Force One -que aterrizó en el aeropuerto internacional de Fiumicino– permanecerá tan solo 19 horas en la capital italiana. Y es que hasta el último minuto Trump mantuvo el suspenso sobre su visita al pontífice.
Los roces entre ambos comenzaron cuando el recién elegido pontífice decidió pagar de su bolsillo la habitación de la residencia donde estuvo alojado durante los días que duró el cónclave. Trump consideró este gesto como una ofensa al papado. "No me gusta ver a un papa que paga sus cuentas en la recepción de un hotel. Eso no es papal", señaló en un mensaje en Twitter.
Pero la tensión se recrudeció en febrero del año de 2016, meses antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Preguntado sobre la religión del entonces candidato republicano, el papa Francisco consideró que "una persona que piensa solo en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiana. Esto no está en el Evangelio”.
A esto respondió Trump: “Que un líder religioso cuestione la fe de una persona es vergonzoso”. Y agregó: “Si el Vaticano es atacado por ISIS [Estado Islámico] les puedo prometer que el papa solo rezaría y desearía que yo fuese presidente”. Sin embargo, cuando Trump llegó a la Casa Blanca el fuego cruzado de declaraciones entre ambos cesó.
El pasado 20 de enero, en una insólita declaración de buenos deseos, el Vaticano publicó una nota en la que el papa enviaba al presidente estadounidense sus “mejores deseos y oraciones”. Era el día en el que Trump tomó posesión como cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos y el papa le instó a mantener “su preocupación por los pobres, los marginados y los necesitados”.
Pero el tono amable del papa era parte de una estrategia que no impidió que la Santa Sede continuase vertiendo opiniones en otros formatos. L’Osservatore Romano, el periódico oficial del Vaticano, publicó un editorial en el que criticó los planes de Trump en referencia a la construcción de un muro en la frontera con México o la suspensión 90 días de visas para ciudadanos de siete países de mayoría musulmana.
“Solo un análisis muy superficial puede hacer pensar que la lucha contra las deformaciones de una globalización mal gestionada implique el cierre de fronteras o la construcción de muros cada vez más altos”, señaló el llamado periódico del papa.
Después, Angelo Becciu, uno de los altos cargos de la Secretaría de Estado vaticana, afirmó: “Ciertamente, hay una preocupación porque somos mensajeros de otra cultura, de la apertura”.
TERRORISMO Y CAMBIO CLIMÁTICO SOBRE LA MESA
Sobre el contenido de la reunión de este miércoles la Casa Blanca solo informó que se iban a abordar temas de “interés mutuo”.
Por su parte, el pontífice aseguró ante los periodistas acreditados que le acompañaron en el avión durante su viaje apostólico al Santuario de Fátima que buscará “puertas que no estén cerradas”.
“Yo jamás hago juicios sobre una persona sin escucharlo, lo tengo que hacer. Yo le escucharé y diré lo que pienso”, aseveró la máxima autoridad de la Iglesia católica.
De esta forma, recalcó que “hablará la paz con quien sea” ante la pregunta de un periodista sobre si tratará con Trump temas de geopolítica mundial. “La paz es artesanal y se hace cada día, así como también la amistad también entre las personas, el conocimiento y la estima es artesanal y se tiene que trabajar todos los días”, agregó.
Sin duda, ambos intercambiarán impresiones sobre el atentado suicida cometido este lunes en Mánchester al término del concierto de la cantante estadounidense Ariana Grande que dejó 22 muertos y 59 heridas. Además, abordarán otras cuestiones como el cambio climático o la situación en Siria.
La encíclica Laudato Si, que bien podría considerarse como el principal estandarte moral para proteger el medio ambiente, es uno de los obsequios que el pontífice habitualmente regala a sus interlocutores políticos durante las visitas de Estado a la Santa Sede.
Seguramente Trump no será una excepción, a pesar de que tan solo dos meses después de llegar a la Casa Blanca despreció con una orden ejecutiva las medidas adoptadas por su predecesor para luchar contra el cambio climático, en concreto, en cuanto a las inversiones en energías limpias.
El documento papal es además un emblema contra el populismo que busca resultados inmediatos sin hacer planes a largo plazo. De hecho, Francisco condena con fuerza, entre otros argumentos, que los líderes políticos prometan siempre mayor crecimiento económico cuando –a su juicio- los actuales modelos de superproducción son insostenibles para el planeta. Sin embargo, para muchos analistas tanto Trump como el papa coinciden en denunciar el capitalismo neoliberal, aunque cada uno a su manera.
El primero rechaza la inmigración a través de la construcción de muros y propone un modelo de mercado proteccionista que alce los aranceles.
El segundo tiene una visión mucho más humanista –expresada en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La alegría del evangelio)– que considera la migración y el desempleo como dos caras de una misma moneda causada por el orden económico en el que impera la ley del más fuerte y rige la cultura del descarte.
No son pocos los analistas geopolíticos que consideran que están condenados a entenderse por la influencia que ambos tienen sobre determinados conflictos. Por ejemplo, en Venezuela, donde el Vaticano ha mostrado su apoyo incondicional al diálogo entre las facciones; o Filipinas, uno de los países en vías de convertirse en la mayor nación católica del planeta y clave para Estados Unidos en su intento de frenar la expansión de China por la región del Pacífico.

