El papa Francisco celebró este lunes, 30 de noviembre, una colorista y multitudinaria misa en el estadio deportivo de Bangui que sirvió de broche final a su primera gira por este continente, ceremonia en la que pidió a los centroafricanos que se perdonen mutuamente y trabajen juntos por la paz.
El pontífice, que durante los seis últimos días también ha visitado Kenia y Uganda, volvió a darse un baño de multitudes en el austero complejo de Barthélémy Boganda.
El último servicio religioso que ofició el Papa antes de partir de vuelta al Vaticano estuvo salpicado, como en sus anteriores etapas, de bailes y cánticos envueltos en los colores de la bandera nacional, que añade el verde y azul a la simbología vaticana.
"Ustedes, queridos centroafricanos, deben mirar sobre todo al futuro y, apoyándose en el camino ya recorrido, decidirse con determinación a abrir una nueva etapa en la historia cristiana de su país, a lanzarse hacia nuevos horizontes", añadió. Francisco llegó sobre las 9:15 horas locales (8:15 GMT) a un estadio abarrotado por cerca de 30 mil personas.
Lo hizo en un papamóvil abierto y más rudimentario que en otras visitas, pero custodiado por un gran número de guardaespaldas y un apabullante cordón de seguridad.
Curiosamente, el último gran acto celebrado en este mismo recinto fue un mitin del expresidente Franois Bozizé dÍas antes del golpe de estado de los rebeldes Séléka (del norte musulmán) en marzo de 2013.
Fue ese levantamiento el que desató una espiral violenta que ha enfrentado desde entonces a comunidades de esta confesión y milicias civiles cristianas, la religión mayoritaria en el país. "Habéis visto, musulmanes?
El Papa ha llegado a casa", cantaba a la llegada del pontífice un grupo de mujeres, resguardadas del sol por paraguas y vestidas con ropas de colores personalizadas con el rostro de Francisco que se convirtieron en el uniforme oficial del evento. Incluso la presidenta de la transición, Catherine Samba-Panza, recibió al papa en la tribuna de autoridades con un alegre vestido en tonos azules y rojos en la que el principal motivo era una foto de Bergoglio.
A diferencia de los actos de Nairobi y Kampala, esta vez no hubo móviles ni selfis que retrataran la efeméride: los centroafricanos, entre los más pobres del continente, se conformaron con agitar banderines vaticanos, palmas y cruces de madera para saludar a Francisco.
