Con el dolor todavía a flor de piel tras el brutal atentado de Mánchester en el que 22 personas fueron asesinadas, los líderes de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido concluyeron el primer día de trabajo con un mensaje compacto frente al terrorismo.
El G7 firmó un texto cohesionado –de 15 puntos y 3 páginas– en el que se destacó la importancia de la lucha conjunta contra “el extremismo violento” y, por primera vez, se mostró preocupación por la propaganda incontrolada que circula por internet.

En este sentido, se emplazó a combatirlo también en las redes sociales, un espacio que “a veces ejerce como recámara de los actos de terrorismo”, apuntó el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, en rueda de prensa.
Después tomó la palabra la primera ministra británica, Theresa May, quien en nombre de todos defendió continuar "con determinación para garantizar a todos los niveles la lucha contra el terrorismo”.
El acuerdo está en lo obvio, contra el enemigo común, pero todavía hay una distancia abismal en otros temas como el cambio climático.
Sobre todo, después de la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de desactivar las medidas que fomentaban la inversión en energías renovables para desmantelar el uso de las fósiles en Estados Unidos, uno de los países más contaminantes del planeta.
Varios expertos independientes como 'G7 Research Group' han señalado que esta reunión será clave para interpretar el rumbo que tomará la administración Trump en referencia a los acuerdos del clima de París que limitaron el calentamiento global muy por debajo de 2ºC.
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, fue tajante: “Creemos que el Acuerdo de París se ha de implementar completamente”, espetó sin medias tintas sobre los recelos de Trump a respetar el pacto de medio ambiente.
