El gobierno de Nicolás Maduro y la oposición comienzan este viernes 1 de diciembre, en República Dominicana, nuevas negociaciones para buscar salidas a la grave crisis venezolana, en medio de un marcado escepticismo.
Los delegados de ambas partes eran esperados en la sede de la cancillería en Santo Domingo, adonde llegaron temprano el ministro dominicano de Relaciones Exteriores, Miguel Vargas, y el exjefe del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, constató la AFP. El encuentro se extenderá hasta el sábado.
El presidente del país anfitrión, Danilo Medina, dijo esperar que la “buena voluntad” se imponga con resultados positivos para Venezuela.
“Vamos a ver si la buena voluntad se impone. Queremos que todo el mundo entienda que esto no es un diálogo, sino una negociación. Tenemos la esperanza de que podamos sacar algo importante”, dijo Medina a la prensa el jueves.
Los representantes de Maduro y de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) vuelven a la mesa tras acercamientos entre 2014 y 2017, frustrados por acusaciones mutuas de incumplimientos. Sectores de la oposición se oponen a los contactos por considerar que son simplemente una “treta” del gobierno socialista.
Para Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis, el escepticismo “es natural”, pero piensa que la arrolladora inflación y la aguda escasez de alimentos y medicinas podrían forzar a las partes a cerrar acuerdos.
Esta vez “los dinamizadores de la negociación son económicos”, dijo León a la AFP.
Según el analista, el gobierno podría estar dispuesto a dar “oxígeno” al sector privado para dinamizar la estancada economía, pues “la cabeza de Maduro” deja de estar entre las exigencias inmediatas de la MUD tras protestas que dejaron unos 125 muertos entre abril y julio.
El canciller dominicano destacó, a su vez, que las partes “han dado muestras de buena voluntad a fin de que este proceso avance”.
La MUD plantea como principales demandas la apertura de “un canal humanitario” para la entrada a Venezuela de comida y medicamentos y “condiciones justas” de cara a las elecciones presidenciales de 2018.
Maduro, quien aspirará a la reelección según anunció el miércoles su vicepresidente Tareck El Aissami, exige a sus adversarios que aboguen por el cese de las sanciones de Estados Unidos, que prohíben a funcionarios y entidades de ese país negociar nueva deuda de Venezuela y de su petrolera Pdvsa.
El mandatario intenta refinanciar la deuda externa venezolana, estimada en unos 150 mil millones de dólares. Para ello necesita la aprobación del Parlamento, de mayoría opositora, pero declarado en desacato por una justicia –según la MUD– “secuestrada” por el gobierno.
