El Gobierno argentino se trenzó nuevamente en una polémica con el Grupo Clarín, la mayor empresa multimedia del país, tras vincularlo con el único imputado por la causa que investiga la muerte del fiscal Alberto Nisman.
Al anunciar la disolución de la Secretaría de Inteligencia y la creación de la Agencia Federal de Inteligencia, Fernández se refirió a Diego Lagomarsino, colaborador de Nisman, como "el hermano de un importante ejecutivo vinculado al Grupo Clarín".
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La mandataria relacionó así a Lagomarsino con la empresa de medios con la que mantiene hace años un conflicto a raíz de la sanción de una nueva ley de servicios de comunicación audiovisual.
Lagomarsino, un informático contratado por Nisman que Fernández definió como un "feroz opositor al Gobierno", es el único imputado en la causa por la muerte de fiscal, por ser quien que le prestó el arma que terminó con su vida.
Sin embargo, a través de un comunicado, el Grupo Clarín desmintió a la presidenta y aseguró que el hermano del colaborador de Nisman "jamás trabajó ni tiene ninguna vinculación" con la compañía de medios.
En la nota Tajante desmentida del Grupo Clarín a Cristina, publicada por el diario Clarín, se afirma que la mandataria señaló "que el hermano de Lagomarsino era alto directivo del estudio de abogados Sáenz Valiente y hasta aventuró que era gerente de informática del Grupo Clarín, lo cual es absolutamente falso".
En su edición digital, Clarín hace alusión a un comunicado del bufete Sáenz Valiente en el que se afirma que califican de falsas las declaraciones de la mandataria. “El señor Gerardo Lagomarsino, hermano del colaborador del fiscal Alberto Nisman, presta servicios para el estudio en forma part time en el área de sistemas, sin rango jerárquico alguno”, dice el comunicado, y agrega que “Gerardo Lagomarsino no tiene otra vinculación con el caso Nisman que la de ser hermano de Diego Lagomarsino, circunstancia que, de por sí, no merece reproche alguno”.
Fernández se había abstenido a salir a la luz pública ante la muerte de Nisman, que provocó la crisis política más grave que ha enfrentado su gobierno, que aún puede comprometer las posibilidades de su partido de ganar las elecciones presidenciales del 23 de octubre, en las que ella no puede presentarse para un tercer mandato. Su ausencia generó todo tipo de suspicacias y pareció descolocar a Fernández, cuya única reacción en una semana fueron las dos confusas cartas que subió a sus redes sociales con hipótesis contradictorias sobre las causa del deceso de Nisman y teorías de un complot contra su gobierno.
