Según Human Rights Watch (HRW), el presidente Barack Obama debería exigir que se adopten medidas concretas para poner fin a la represión sistemática que existe en Cuba, durante su visita a La Habana del 20 al 22 de marzo de 2016.
En su visita, Obama se reunirá con el presidente Raúl Castro y con críticos del Gobierno, además está previsto que se dirija al pueblo cubano en directo a través de la televisión pública.
Al anunciar el viaje el 18 de febrero, Obama señaló que pretende “hablar abiertamente sobre las profundas diferencias que mantenemos con el Gobierno cubano, entre otras cuestiones, en materia de derechos humanos y democracia”. También expresó que esperaba pasar un momento agradable durante la visita.
Cabe destacar que la situación de los derechos humanos en la isla prácticamente no ha cambiado desde diciembre de 2014, con el deshielo de las relaciones de ambos países, en donde anunciaron un acuerdo de normalización de las relaciones diplomáticas.
Como parte de este acuerdo, Cuba se comprometió a liberar a 53 presos políticos y permitir que observadores de derechos humanos del Comité Internacional de la Cruz Roja y las Naciones Unidas efectuaran visitas de investigación a la isla. Si bien los presos políticos fueron liberados, las visitas de observadores internacionales no se han llevado a cabo.
“Obama hace lo correcto al promover un acercamiento diplomático entre ambos países, pero este no debería ser un fin en sí mismo”, observó José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch.
A pesar de que en los últimos años se redujo la cantidad de presos políticos, siguen vigentes las leyes represivas que permiten al Gobierno encarcelar a personas por decir abiertamente lo que piensan. A su vez, el Gobierno recurre cada vez más a la detención arbitraria de personas por períodos breves, para impedir su participación en marchas y encuentros pacíficos.
Durante la visita realizada por el papa Francisco a Cuba en septiembre de 2015, la Policía detuvo entre 100 y 150 disidentes.
La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, una organización independiente de derechos humanos, ha reportado más de 8 mil casos de detenciones arbitrarias en 2015, y más de 2 mil 500 en los primeros dos meses de 2016.
El gobierno de Castro controla la mayoría de los medios de comunicación cubanos. Si bien el número reducido pero creciente de periodistas y autores de blogs independientes se mantiene activo, el Estado bloquea el acceso a algunas de sus páginas web, y somete a algunas de las personas que publican información crítica sobre el Gobierno a campañas de desprestigio y detenciones arbitrarias.
En tanto, al rechazar la política estadounidense de embargo y aislamiento, el presidente Obama ha desactivado uno de los principales pretextos del Gobierno cubano para mantener un régimen represivo, así como uno de los mayores obstáculos que impedían movilizar la presión internacional a favor de cambios en Cuba.
Los vínculos entre ambos países hacen que sea más difícil para Cuba mostrar a las víctimas de sus acciones represivas como agentes de agresiones estadounidenses.
La presión internacional sobre el Gobierno cubano todavía es crucial, señaló Human Rights Watch. Para ser más eficaz, la presión debería provenir no sólo de Estados Unidos, sino formar parte de un esfuerzo multilateral en el cual, idealmente, participen gobiernos de la región que ahora podrían estar más dispuestos a expresar sus críticas sobre Cuba.
