El grupo Estado Islámico (EI) se encuentra en plena reorganización para intentar sobrevivir a las derrotas en Siria e Irak, donde hace cuatro años proclamó un califato tras haberse apoderado de territorios extensos.
El grupo ha sido expulsado de casi todas estas zonas y debe encontrar “una nueva forma de actuar, sobre todo para reclutar después de sus enormes bajas”, afirma a la AFP un responsable de los servicios de seguridad iraquíes que pidió el anonimato.
La prioridad para EI, que soñaba con convertirse en un “estado”, es una reorganización administrativa.
Se acabaron las 35 “wilaya” (provincias, en árabe) que formaban el “califato”. Tras la pérdida de sus dos “capitales”, Raqa en Siria y Mosul en Irak, el EI sólo menciona en sus órganos de propaganda a seis “wilaya”.
Y para designarlas vuelve a usar las definiciones territoriales conocidas: Irak, Siria, este de Asia, Tayikistán, el Sinaí egipcio y Somalia.
Las “wilaya” de Mosul, Raqa o Kirkuk han desaparecido completamente del discurso del grupo de Abu Bakr al Bagdadi, quedando reducidas a “cantones” (mantaqa).
En 2014, incluso antes de la aparición pública del “califa” y de la proclamación del “Estado Islámico”, el EI presumía de haber acabado con el trazado fronterizo “imperialista” aplicado por británicos y franceses sobre antiguos territorios del Imperio Otomano al fin de la primera Guerra Mundial.
De hecho en 2014, la propaganda yihadista difundió imágenes de excavadoras intentando borrar la frontera entre Siria e Irak.
Eso también se ha acabado. Ahora las fuerzas iraquíes se han redesplegado en la frontera por donde antaño los yihadistas circulaban a sus anchas.
Del lado sirio, las tropas de Damasco y las kurdo-árabes respaldadas por la coalición internacional anti-EI también recuperaron zonas fronterizas.
