A los veintipocos años ya había ganado medio millón de dólares a cambio de blindar las comunicaciones de la familia colombiana de narcotraficantes Cifuentes y del capo mexicano Joaquín El Chapo Guzmán. Pero le costó caro: crisis nerviosas, hospitalizaciones, electroshocks y el exilio en Estados Unidos, presuntamente bajo una nueva identidad.
El colombiano Christian Rodríguez, de 32 años, testigo del gobierno estadounidense en el juicio del exjefe del cartel de Sinaloa y su exjefe de comunicaciones, relató este jueves 10 de enero en una corte de Nueva York que sufrió tanto estrés cuando colaboraba con el FBI en 2013 que terminó dos veces en el hospital.
No solo temía que lo descubrieran y lo mataran, sino que además tenía serios problemas personales: dos familias paralelas, ambas con hijos, y una de ellas no estaba al tanto de la existencia de la otra.
Rodríguez comenzó a trabajar en la seguridad de las comunicaciones para los hermanos Cifuentes en Colombia en 2008, y a través de ellos conoció a El Chapo ese mismo año y comenzó a trabajar para él.
“Tenía demasiado estrés sobre mí”, dijo al jurado Rodríguez, que aún toma medicación y sigue una terapia. “Me dieron terapia electroconvulsiva”, contó, y precisó que solo no recuerda bien qué pasó el día antes y el día después del tratamiento.
El Chapo, de 61 años, considerado uno de los mayores jefes del cartel mexicano de Sinaloa y acusado de traficar a Estados Unidos más de 155 toneladas de cocaína, fue extraditado hace casi dos años tras dos fugas espectaculares de prisiones mexicanas.
Si es hallado culpable podría ser condenado a cadena perpetua.
Rodríguez, un exestudiante de ingeniería y experto en ciberseguridad, dijo que se reunió personalmente con el El Chapo unas 12 veces.
Contó que una vez, cuando estaban en las montañas de Sinaloa, el ejército llegó a capturarlos y junto al acusado y a unos 15 de sus hombres debieron escaparse y caminar durante tres días por la sierra. El Chapo estaba “muy tranquilo”, dijo, pero él “muy asustado”.

