El papa Francisco imploró “esperanza”, “paz” y “dignidad” en un mundo marcado por tantas injusticias y violencias tras la bendición Urbi et Orbi, a la ciudad y al mundo, que el pontífice imparte dos veces al año al final de la Semana Santa y en Navidad.
“Trae frutos de esperanza y dignidad donde hay miseria y exclusión, donde hay hambre y falta trabajo, a los prófugos y refugiados –tantas veces rechazados por la cultura actual del descarte–, a las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de las distintas formas de esclavitud de nuestro tiempo”, instó el pontífice.
Asomado al balcón de la logia central de la basílica de San Pedro, el papa Francisco hizo un repaso de la violencia y el sufrimiento que aflige al mundo al recordar a los niños que, “a causa de las guerras y el hambre, crecen sin esperanza, carentes de educación y de asistencia sanitaria”.
También se refirió a “los ancianos desechados por la cultura egoísta, que descarta a quien no es ‘productivo”. Así pidió a los que tienen responsabilidades políticas que usen la sabiduría “para que respeten siempre la dignidad humana, se esfuercen con dedicación al servicio del bien común y garanticen el desarrollo y la seguridad a los propios ciudadanos”.
El prelado aprovechó como es habitual la bendición apostólica para enumerar los conflictos abiertos en el mundo, comenzando por la guerra en Siria “cuya población está extenuada por una guerra que no tiene fin”. Y a este respecto especificó: “Que la luz de Cristo resucitado ilumine en esta Pascua las conciencias de todos los responsables políticos y militares, para que se ponga fin inmediatamente al exterminio que se está llevando a cabo, se respete el derecho humanitario y se proceda a facilitar el acceso a las ayudas que estos hermanos y hermanas nuestros necesitan urgentemente, asegurando al mismo tiempo las condiciones adecuadas para el regreso de los desplazados”.
Venezuela
El papa también se refirió a Venezuela: “Suplicamos frutos de consolación para el pueblo venezolano, el cual –como han escrito sus pastores– vive en una especie de ‘tierra extranjera’ en su propio país. Para que, por la fuerza de la resurrección del señor Jesús, encuentre la vía justa, pacífica y humana para salir cuanto antes de la crisis política y humanitaria que lo oprime, y no falten la acogida y asistencia a cuantos entre sus hijos están obligados a abandonar su patria”.
El pontífice pidió la paz en todo el Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa “que en estos días también está siendo golpeada por conflictos abiertos que no respetan a los indefensos”, en referencia a los 16 palestinos muertos y mil 400 heridos por disparos israelíes en los choques en la frontera entre Israel y la Franja de Gaza durante la llamada “Marcha del Retorno”. También en Yemen y para todo el Oriente próximo, “para que el diálogo y el respeto mutuo prevalezcan sobre las divisiones y la violencia”.
Al detenerse en África instó a sanar “las heridas en Sudán del Sur y en la atormentada República Democrática del Congo” y a que se abran “los corazones al diálogo y a la comprensión mutua”. Y ha agregado: “No olvidemos a las víctimas de ese conflicto, especialmente a los niños. Que nunca falte la solidaridad para las numerosas personas obligadas a abandonar sus tierras y privadas del mínimo necesario para vivir”.
Asimismo, pidió que en Ucraina “se fortalezcan los pasos en favor de la concordia y se faciliten las iniciativas humanitarias que necesita la población”. Finalmente, tuvo palabras para la península coreana e instó a que “las conversaciones en curso promuevan la armonía y la pacificación de la región”.
Antes de la bendición, el pontífice ha recorrido la plaza de San Pedro en el papamóvil para saludar a los fieles que estaban reunidos allí.
