Por primera vez desde que el sacerdote español cercano al Opus Dei, Lucio Vallejo Balda y la lobista italiana, Francesca Chaouqui, fueran detenidos por la gendarmería vaticana -acusados de robo y filtración de documentos reservados- el Papa ha hablado alto y claro del último escándalo que ha sacudido los cimientos de la Santa Sede.
Vallejo Balda continúa encarcelado en una celda de la prisión del Vaticano, mientras que su supuesta cómplice ha sido puesta en libertad.
Los medios italianos han informado de que la razón real de que Chaouqui no siga en la cárcel es que está embarazada de 3 meses y el Papa no quería privarla de la libertad en estas condiciones.
Tras el rezo del ángelus de este domingo, 8 de noviembre, Francisco ha condenado el “deplorable” acto y sin que le temblara la voz ha asegurado que las reformas continuarán. “Robar estos documentos es un delito, una equivocación, un acto deplorable que no ayuda.
"Yo mismo había pedido que se hiciera aquel estudio. Mis colaboradores y yo ya conocíamos bien esos documentos”, ha afirmado el pontífice recordando las disposiciones del código penal vaticano.
Asomado a la ventana de su estudio privado en el Palacio Apostólico, el Papa ha asegurado ante miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro que él y sus colaboradores ya conocían el contenido de los informes que han destapado al mundo una casta cardenalicia aferrada a sus privilegios y una gestión corrupta de la finanzas de la Santa Sede, según las informaciones publicadas en los libros de Gianluigi Nuzzi ‘Via Crucis’ y de Emiliano Fittipaldi ‘Avaricia’.
De hecho, fue el mismo pontífice quien sólo 3 meses después de llegar al Vaticano encargó una revisión y un análisis de la situación económica de la Santa Sede.
“Este triste acto, no me aparta ciertamente del trabajo de reforma que estoy llevando adelante con mis colaboradores”, ha aseverado.
Finalmente ha concluido diciendo que la Iglesia se renueva “con la oración y con la santidad cotidiana de todo bautizado”.

