El papa Francisco agradeció este viernes 8 de septiembre a las autoridades y jefes castrenses sus esfuerzos para lograr la paz al tiempo que rezó por las víctimas antes de partir a una zona de Colombia que estuvo asediada por los rebeldes, donde orará por los afectados por el largo conflicto armado y les pedirá que superen su dolor perdonando a sus antiguos agresores.
En una ceremonia en una sección militar del aeropuerto internacional de Bogotá, Francisco valoró “lo que hacen por la paz, poniendo en juego la vida, y eso es lo que hizo Jesús. Nos pacificó con el Padre, puso en juego su vida y la entregó. Esto los hermana más a ustedes con Jesús”. Luego rezó una oración por los caídos y heridos en la guerra.
El momento más observado de su visita a la ciudad central de Villavicencio será lo que el Vaticano describió como una “gran reunión de oración por la reconciliación nacional”. Se espera que sea un encuentro muy emotivo para Francisco, que ha hecho de la reconciliación el tema central de su viaje de cinco días a Colombia.
El pontífice prometió el año pasado visitar el país cuando se firmó el acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El papa salió poco después de las 7:00 a.m. hora local (12:00 GMT) de la Nunciatura Apostólica rumbo a la terminal aérea para abordar el avión a Villavicencio, donde también tiene previsto beatificar a dos sacerdotes católicos asesinados durante la violencia política y guerrillera en el país. Francisco se sentó en el puesto delantero, al lado del conductor, y dejó la ventana abierta del sedán negro para saludar a la gente a los lados de la calle.
Está previsto que miles de víctimas de toda clase acuden al acto: soldados que sufrieron mutilaciones cuando retiraban minas terrestres, madres que vieron a sus hijos reclutados a la fuerza por los rebeldes para no volver jamás y campesinos expulsados de sus tierras por grupos paramilitares de derecha.
También se espera que asistan antiguos rebeldes, aunque ni el Vaticano ni los organizadores en Colombia dijeron si los líderes de las FARC estarán allí o se reunirán con el pontífice durante su visita, en un reflejo de lo recientes que son las heridas del conflicto y lo sensible que resulta cualquier aparición pública de los exguerrilleros, aún detestados por amplios sectores de la población.
Entre los asistentes estaría Lucrecia Valencia, que perdió a su esposo y a su hijo, además del brazo derecho y la pierna izquierda, cuando buscaban leña cerca de su casa. Su pueblo pasó años castigado por la violencia y ella dijo que quiere que el mundo sepa que la paz en Colombia es frágil.
Valencia señaló que es probable que la mina terrestre que trastocó su vida en 2009 fuera colocada por otro grupo rebelde, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que sigue activo en muchas partes del país. “Estamos hartos de esa gente”, dijo la mujer, de 40 años.

