El conservador Mariano Rajoy fracasó este miércoles 31 de agosto en su intento por obtener un voto de confianza del Parlamento español para formar un nuevo gobierno, disparando la cuenta atrás hacia las terceras elecciones legislativas en un año.
El jefe del gobierno saliente recibió 170 votos en la Cámara de 350 diputados (137 de su Partido Popular, 32 de los liberales de Ciudadanos y uno de un pequeño partido regional canario). Pero necesitaba una mayoría absoluta de 176 para ser investido para un segundo mandato.
Tendrá otra oportunidad el viernes, cuando en una segunda vuelta le basta tener más “síes” que “noes”, aunque previsiblemente volverá a ser derrotado si ningún partido de oposición cambia para entonces de postura y se abstiene.
En todo caso, la votación fallida de este miércoles inició un periodo de dos meses para que los partidos formen un ejecutivo, a cuyo término se disuelven automáticamente las cámaras y se convocan nuevas legislativas. Por los plazos establecidos, las elecciones caerían el 25 de diciembre, día de Navidad.
La falta de un acuerdo en el Parlamento prolonga la parálisis institucional de más de ocho meses, durante los cuales España ha sido dirigida por un gobierno en funciones muy limitado en sus capacidades.
La derrota de Rajoy era esperada, con la negativa a mantenerlo en el poder de los socialistas del PSOE, la segunda fuerza en el Parlamento que con 85 escaños era determinante en la votación. “Su comportamiento reciente y lejano” y “sus mentiras de ayer y hoy” avalan “nuestra absoluta desconfianza hacia usted”, justificó el jefe socialista Pedro Sánchez ante Rajoy durante el debate del miércoles.
Rajoy replicó a Sánchez que “pasará a la historia porque va a provocar que por tercera vez en un año vayamos a elecciones”, algo inédito en España.
Para evitarlas, el dirigente del partido antiausteridad Podemos, Pablo Iglesias, instó a Sánchez a intentar formar un gobierno encabezado por la izquierda, algo ya descartado por los socialistas.
