TACLOBAN, Filipinas (DPA). –"La carne es fresca", grita John Paul Álvarez a la multitud mientras corta trozos de cerdo sobre un cajón de madera. Normalmente, Álvarez vende frutas en el mercado de la ciudad filipina de Tacloban. Pero después del tifón Haiyan ya nada parece ser "normal". Ahora, el padre de dos niños debió carnear a su chancho. "No le puedo comprar alimento" para animales, dice mientras guarda las porciones en bolsas de plástico. "Tengo que ganar dinero para poder comprar arroz y otros alimentos para mis hijos", explica. A su paso, Haiyan destruyó casi todo lo que había en la ciudad de 200 mil habitantes. Los que lograron sobrevivir al tifón y las inundaciones deben ahora batallar contra el hambre, las enfermedades y las pérdidas. Una semana después de la catástrofe, los comerciantes intentan reanudar su trabajo como pueden, en medio de los escombros. "¡Mira qué barato!", señala sorprendido un joven a otro, al ver que la crema blanqueadora está a mitad de precio. Y luego, en el puesto, incluso piden otra rebaja. Las tiendas más grandes, bancos o restaurantes aún permanecen cerrados en Tacloban. Solo dos hoteles volvieron a abrir, sin agua corriente ni electricidad. En uno de ellos, los huéspedes sacan ellos mismos el agua de un pozo. Solo una gasolinera volvió a restablecer el servicio y las filas de motos, rikshas motorizadas y gente con bidones es interminable. Solo se pueden comprar nueve litros de gasolina. Pero a pesar de la gran demanda los precios se mantienen después del tifón. "Es nuestra contribución para que los negocios en la ciudad puedan reactivarse", señala el dueño de la gasolinera, que no quiere dar su nombre. Alice Yarzo vende jabones, calzados para niños, vinagre, salsa de soja, leche en polvo y otros alimentos a mitad de precio. La mayoría de los productos están dañados por el agua. La mujer tiene nueve hijos. El menor, de seis meses, está sentado en su falda y no lleva más que una camiseta sucia. Otros dos, están junto a ella jugando semidesnudos. "Aún no supe nada de mi marido", dice. El tifón lo tomó por sorpresa en la ciudad costera de Guiuan. "Tengo que tomar valor por mis hijos, que aún son muy pequeños", agrega.