Desde la expectativa y los nervios previos al espectáculo, hasta la avalancha de emociones que llegó tras bajar del escenario, Ricky Martin vivió un día intenso y memorable en el Super Bowl 2026, que se desarrolló el pasado domingo 8 de febrero.
A través de un video en redes sociales, el artista puertorriqueño compartió cómo transcurrió su día, antes y después de presentarse en el show de medio tiempo más controversial y visto de todos los tiempos, que según datos de NBC, obtuvo más de 135.4 millones de vistas en simultáneo y más de 60 millones de reproducciones en YouTube, a menos de 48 horas de haber sido publicado.
En el video se puede apreciar como el día de Ricky Martin comenzó lejos del ruido del estadio, entre maletas, equipo de trabajo y la emoción de quien sabe que está a punto de vivir algo irrepetible.
Las primeras imágenes lo muestran abordando el avión que lo llevaría a Santa Clara, California. Horas después, ya inmerso en el proceso de estilismo, el artista agradecía públicamente a Bad Bunny por la invitación, consciente del simbolismo de compartir escenario en uno de los eventos más vistos del planeta.
La llegada al Levi’s Stadium marcó un punto de quiebre. Entre pasillos, camerinos y ajustes finales, Ricky se preparaba para un show cargado de identidad latina.
Las imágenes posteriores dejaban entrever el concepto escénico del espectáculo: figuras humanas caracterizadas como árboles —que para muchos en redes sociales evocaban los cardos mágicos de la recordada película infantil de Disney, Tinker Bell—, violinistas afinando sus instrumentos y un ambiente cargado de expectativa y alegría.
Luego vino su “momento cumbre”. En las pantallas gigantes, Ricky Martin interpretó Lo que le pasó a Hawaii, canción originalmente interpretada por Bad Bunny que establece un paralelismo entre Hawái y Puerto Rico, dos archipiélagos incorporados a Estados Unidos tras procesos de ocupación que implicaron pérdida de soberanía, control externo del territorio y profundas transformaciones sociales y culturales.
La canción reivindica la defensa de la identidad local frente a la privatización de espacios comunitarios y la marginación de la población nativa, en contextos históricos que distintos especialistas califican como de carácter colonial.
A su vez, dicha canción es interpretada como una defensa de la identidad de los pueblos frente a la gentrificación y la pérdida de sus raíces, un mensaje que conectó de forma directa con Puerto Rico y con la historia que ambos artistas comparten.
Tras una corta pero significativa presentación, los bailarines aplaudían mientras Ricky Martin celebraba entre risas y pasos improvisados al ritmo de los músicos en el backstage.
Minutos después, un abrazo largo y sincero entre Ricky Martin y Bad Bunny selló el momento, en el que ambos se dejaron ver conmovidos. El cierre fue íntimo y familiar: uno de sus hijos, Valentino Martin, lo felicitó con un abrazo.
Inmediatamente después del show, el autor de Livin’ la vida loca, publicó a través de su cuenta de Instagram, una fotografía en la que aparece abrazando a Bad Bunny tras bastidores y acompañado por Lady Gaga. “Necesito varias horas para procesar el tsunami de emociones que estoy sintiendo”, escribió.


