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Brasil entra en su hora más incierta: ventaja que se reduce, escándalo judicial e irrupción de un tercer candidato

A solo 30 días de la primera vuelta, Brasil entra en el tramo más incierto de la campaña: cuatro semanas de tensión y volatilidad en las que todavía caben nuevas sorpresas.

Brasil entra en su hora más incierta: ventaja que se reduce, escándalo judicial e irrupción de un tercer candidato
Vecinos de Morumbi, uno de los barrios más ricos de São Paulo, muy cerca de Paraisópolis, la segunda favela más grande de la ciudad. EFE

Brasil entra en el último mes de campaña con una certeza y tres grandes novedades que generan igual número de interrogantes. La certeza es que Luiz Inácio Lula da Silva continúa liderando las encuestas, aunque su ventaja ha disminuido drásticamente. Los interrogantes introducen una elevada dosis de incertidumbre: cuánto más podrá Flávio Bolsonaro acortar la distancia que lo separa del presidente; qué impacto tendrá en la campaña el escándalo que sacude al Supremo Tribunal Federal (STF) y a quién terminará beneficiando; y hasta dónde llegará Augusto Cury, el outsider que, en pocas semanas, ha convertido una contienda bipolar en una elección de tres actores.

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Fotografía de archivo del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. EFE/Andre Borges

Una ventaja que se reduce

La primera novedad es el rápido estrechamiento del margen de Lula sobre Flávio. El último Datafolha, realizado el 1 y 2 de septiembre, sitúa al presidente con el 38% de las preferencias para la primera vuelta del 4 de octubre, frente al 33% del candidato del Partido Liberal. Apenas cinco puntos los separan, mientras Augusto Cury ocupa el tercer lugar, con el 8%. De cara al casi inevitable balotaje del 25 de octubre, Lula y Flávio aparecen técnicamente empatados: 46% frente a 44%, dentro del margen de error de 2 puntos porcentuales.

A sus 80 años, Lula conserva activos valiosos: una base electoral sólida, amplio dominio en el Nordeste y entre los sectores de menores ingresos, además de los recursos políticos y territoriales del oficialismo. Pero ya no parecen suficientes para garantizarle la victoria. El desgaste de la gestión —45% de aprobación y 51% de desaprobación— lo la inseguridad —una de las principales preocupaciones de los brasileños—, el elevado endeudamiento de los hogares y un rechazo del 45% limitan su capacidad de crecimiento.

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El senador y candidato a la presidencia de Brasil, Flávio Bolsonaro. EFE/ Andre Borges

Flávio, por su parte, ha heredado buena parte del voto de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, consolidándose como principal referente de la derecha. Es especialmente competitivo entre los evangélicos, en el sur del país y entre quienes consideran políticamente motivadas las decisiones judiciales contra el exmandatario y su entorno. El apellido Bolsonaro le asegura un piso elevado, pero también le impone un techo: el 47% de los encuestados afirma que jamás votaría por él.

Esta es la paradoja del actual proceso. La polarización fortalece a Lula y a Flávio, pero también los limita: moviliza a sus seguidores mientras alimenta la búsqueda de una alternativa. El desafío para ambos no es conservar a los convencidos, sino persuadir a los indecisos.

Grave crisis en el STF

La segunda novedad es el regreso, con revelaciones potencialmente graves, del caso que vincula a Alexandre de Moraes, magistrado del STF —la Corte Suprema de Justicia en Brasil—, con Daniel Vorcaro, propietario del Banco Master, encarcelado desde marzo e investigado por un presunto fraude financiero multimillonario.

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Foto de archivo del juez ministro de la Suprema Corte de Brasil Alexandre de Moraes asiste a una sesión de juicio en el Supremo Tribunal Federal este miércoles 2 de septiembre de 2026, en Brasilia (Brasil). EFE/Andre Borges

La información procede principalmente de mensajes recuperados del teléfono de Vorcaro. Estos indicarían que el banquero mantuvo varios encuentros con Moraes y que, poco antes de su detención, le preguntó si debía abandonar el país para evitar ser apresado. También existen alegaciones que señalan que Moraes introdujo modificaciones en un contrato millonario de tres años de duración entre el Banco Master y el estudio jurídico de su esposa; afirmación negada enfáticamente por el citado bufete y el propio Moraes.

Es necesario ser prudentes: los mensajes enviados por Vorcaro no prueban que Moraes respondiera favorablemente ni demuestran, por sí solos, la existencia de un delito. Pero sí indican intimidad y generan preocupantes dudas.

La controversia desencadenó una crisis sin precedentes dentro del STF, que terminó salpicando al director de la Policía Federal y el fiscal general, quienes son las autoridades competentes para determinar la veracidad de las denuncias. El juez André Mendonça, aliado de Jair Bolsonaro —que llegó al Alto Tribunal a propuesta de este— y es el responsable de supervisar las investigaciones de la Policía Federal, levantó el secreto sumario y divulgó los mensajes que apuntarían a una posible protección de Moraes. Este respondió pidiendo que su colega fuera investigado por presunto abuso de autoridad, irregularidades procesales y persecución política. Mendonça, a su vez, solicitó la suspensión cautelar de Moraes. Edson Fachin, presidente del STF, exigió explicaciones a ambos y de momento no ha tomado una decisión.

La figura de Moraes —de gran visibilidad pública- es profundamente controvertida. Para una parte del país, representa la defensa de la democracia frente a los ataques bolsonaristas. Para otra, encarna los excesos de una justicia sin contrapesos suficientes y la persecución de la derecha. Por eso, cualquier indicio de conflicto de interés o de trato privilegiado con Vorcaro golpea uno de los centros neurálgicos de la campaña.

En efecto, no se trata solamente de un choque entre dos magistrados. El conflicto —inédito por su gravedad— amenaza con erosionar la credibilidad de un Tribunal que lleva años en el centro de las tensiones políticas. En el peor escenario, las irregularidades procesales denunciadas podrían conducir a la anulación de pruebas y dejar impunes a los responsables del megafraude. Asimismo, la pérdida de credibilidad en el STF podría provocar una crisis de legitimidad y de confianza, debilitando su autoridad ante un proceso electoral muy complejo, altamente polarizado y con eventuales resultados ajustados, volviendo a la democracia más vulnerable.

Flávio Bolsonaro comprendió inmediatamente la oportunidad y exigió la renuncia de Moraes. Su estrategia será convertir una posible irregularidad individual, todavía no probada, en una acusación contra todo el sistema judicial que condenó a su padre. Si logra imponer ese relato, podría reactivar a su base, recuperar votantes atraídos por Cury y desplazar la campaña hacia un terreno más favorable para la derecha.

El riesgo para Lula es indirecto, pero real. El presidente no es responsable de los actos de Moraes. Sin embargo, la lógica polarizadora tiende a colocar al Gobierno, al Supremo y al establishment dentro de un mismo campo contrario al bolsonarismo. Si esa percepción se consolida, el escándalo podría fortalecer simultáneamente a Flávio y al voto antisistema que da oxígeno a Cury.

El fenómeno Cury: ¿burbuja o tercera vía?

La tercera novedad —y, hasta ahora, la mayor sorpresa de la campaña— es la irrupción de Augusto Cury. Psiquiatra, escritor y figura ampliamente conocida, reúne tres activos valiosos: una notoriedad construida fuera de los partidos, capacidad para comunicarse digitalmente con millones de personas y la promesa de una alternativa fresca frente a una polarización cada vez más desgastada.

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AME4031. SAO PAULO (BRASIL), 02/09/2026.- El candidato a la Presidencia de Brasil por el partido Avante, Augusto Cury, participa en una reunión durante su visita a la Federación Israelita del Estado de Sao Paulo como parte de su campaña, este miércoles en Sao Paulo (Brasil). EFE/ Isaac Fontana

Cury se presenta como un candidato con “mente capitalista” y “corazón social” y promete “curar la política”. El mensaje es simple, emocional y deliberadamente ambiguo: le permite interpelar a una sociedad fatigada por la confrontación entre el lulismo y el bolsonarismo sin resolver las contradicciones que supone gobernar Brasil. Su inexperiencia política, lejos de ocultarse, se exhibe como credencial de independencia. Su ascenso ha sido vertiginoso: Datafolha lo sitúa en el 8%, seis puntos más que dos semanas atrás, mientras que BTG/Nexus registra un salto del 2% al 11%.

La incógnita es si Cury dispone de tiempo, organización y consistencia política para convertir un fenómeno digital en una candidatura viable, desplazar a Flávio y disputar el balotaje. Incluso si no alcanza la segunda vuelta, podría convertirse en su árbitro: un caudal de entre el 10% y el 15% sería decisivo en una contienda que hoy aparece técnicamente empatada.

Reflexión de cierre

A solo 30 días de la primera vuelta, Brasil entra en el tramo más incierto de la campaña: cuatro semanas de tensión y volatilidad en las que todavía caben nuevas sorpresas.

Lula sigue siendo el favorito, pero su ventaja se ha reducido considerablemente y la victoria ya no está asegurada. Flávio continúa siendo, por ahora, el rival con mayores probabilidades de disputar el balotaje, aunque deberá contener el avance de Cury, impulsado por su exposición mediática y por el apoyo de votantes antisistema, moderados y mujeres. Para llegar a la segunda vuelta, el outsider tendrá que demostrar que es algo más que la expresión momentánea de un malestar difuso.

Brasil comenzó la campaña mirando hacia atrás, atrapado una vez más entre Lula y Bolsonaro. Puede terminarla adentrándose en un territorio desconocido. Cuando los dos favoritos son rechazados por casi la mitad del país, un outsider avanza a velocidad digital y los jueces encargados de custodiar las reglas se acusan entre sí, ninguna certeza es duradera. Lo que decidan los brasileños no solo definirá el rumbo del gigante sudamericano: también impactará con fuerza en el mapa político de América Latina.

El autor es director y editor de Radar Latam 360. @zovatto55


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