Ciencias contra la guerra en el este de la República Democrática del Congo

Ciencias contra la guerra en el este de la República Democrática del Congo
El Centro de Investigación en Ciencias Naturales de Lwiro, parece una finca agrícola y allí se estudia biología, geofísica, medio ambiente terrestre y acuático y nutrición. AFP/Guerchom Ndebo

Investigadores y estudiantes trabajan, en silencio, mientras algunos visitantes deambulan por los jardines y los claustros, mientras que, en la biblioteca tapizada de maderas exóticas el ambiente es de pura concentración.

El Centro de Investigación en Ciencias Naturales (CRSN) de Lwiro, en el este de República Democrática del Congo (RDC), parece un lugar al margen del tiempo, como un milagro que la guerra no logró echar por tierra.

Encaramado en las alturas, a 45 km al oeste de Bukavu, el centro, que parece una finca agrícola, fue creado en 1947, durante la colonización belga, y continúa funcionando, a duras penas.

Aquí se estudia biología, geofísica, medio ambiente terrestre y acuático, nutrición... Anciet Bahidika, responsable del departamento de documentación del centro, menciona con orgullo las joyas que atesora, por millares, entre libros antiguos, objetos de arte o especímenes naturales, entre otros.

Sin embargo, el día a día de la institución y de los centenares de personas que emplea se ve entorpecido por múltiples dificultades de todo tipo.

“Primero fuimos víctimas de las múltiples guerras” que asolan la región desde mediados de los años 1990, comenta, tranquilo, Bahidika, en su despacho del CRSN, adonde le visitó un fotógrafo de la AFP.

El centro no ha sido saqueado, pero muy a menudo los combates han llegado hasta sus mismas puertas, y hace año que la biblioteca no se dota de nuevas obras.

Bahidika continúa: “hemos sido víctimas de terremotos” que borraron pueblos enteros del mapa.

“No tenemos medios de transporte”, y los únicos vehículos disponibles son muy viejos, heredados de las oenegés que en un momento u otro han pasado por allí. También carecen de atención médica y los sueldos son una miseria. Además, “los cortes de electricidad [suceden] en todo momento” y ya no quedan reactivos en los laboratorios.

Y por si eso fuera poco, “aquí, no hay internet. Y esto es un problema”. Y, aún así, el centro de investigación continúa abriendo cada día, contra viento y marea.


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