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Ciudad de México emprende reactivación comercial en un punto crítico de la pandemia

Ciudad de México emprende reactivación comercial en un punto crítico de la pandemia
Un empleado de La Capilla, en la capital mexicana, organiza mesas para mantener la distancia social a pocas horas de la reapertura de los restaurantes. AFP/Alfredo Estrella

Ciudad de México inició este lunes su reapertura comercial cuando la pandemia de Covid-19, que deja 27,121 muertos, sigue en niveles críticos y deja muy poco margen de resistencia a la debilitada economía del país.

Luego de tres meses, negocios minoristas, peluquerías e instalaciones deportivas volvieron a abrir sus puertas en esta metrópoli de nueve millones de habitantes, pero donde en tiempos normales circulan millones más de sus regiones vecinas.

A partir del miércoles podrán reabrir hoteles y restaurantes al 30% de su capacidad, al pasar de rojo a naranja el semáforo epidemiológico. Esto fue posible una vez que bajó la ocupación hospitalaria a menos de 65%.

Mercados y plazas comerciales volverán a lo largo de la semana, uniéndose a sectores como construcción, minería y fabricación de equipos de transporte, reactivados previamente al considerárselos "esenciales".

“Hace aproximadamente un mes empezamos con limpieza profunda, tanto en cocina como en salón, en la calle, desde la entrada con jabón, agua y cloro”, dice a la AFP María Bautista, empleada de un restaurante que se alista para abrir.

Miles de estos negocios tuvieron que cerrar el 24 de marzo, cuando el nuevo coronavirus empezó a golpear fuerte, y tuvieron que enfocarse en los envíos a domicilio.

Ahora inician un largo camino para recuperarse. La Capilla, el restaurante donde trabaja Bautista, pasará de 35 a 18 mesas disponibles y sus empleados estarán obligados a usar tapabocas y careta.

El presidente del gremio de los restaurantes (Canirac), Francisco Fernández, estimó que unos 90.000 locales en todo el país (15% del sector) no reabrirán sus puertas porque quebraron.

La reapertura se dará en un "ambiente muy deprimido" porque solo cuatro personas pueden ocupar una mesa, se prohíbe el uso de la música, de áreas para fumar y deben cerrar a la diez de la noche, dijo Fernández a la prensa.

La reactivación comercial ocurre pese a que la pandemia no da señales de ceder y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el mundo entró en una "fase peligrosa" con el desconfinamiento.

México, de 127 millones de habitantes, registra 220,657 contagios y es el país latinoamericano con más decesos después de Brasil.

Su capital contabiliza 6,456 muertes y 47,437 casos positivos de Covid-19.

Pero el país tiene poco margen con una economía que según el Banco de México (central) podría caer 8,8% en 2020 y con 12 millones de personas -la mayoría del sector informal- que se cansaron de buscar trabajo en abril.

"Se nos cayó el 95% de las ventas con los mismos gastos (...), ha sido una situación muy complicada", dice Agustín Hernández, de 55 años, que vende gafas y equipos de optometría, recitando las medidas de prevención que impuso el gobierno.

Su equipo no deja de limpiar el local para empezar a recibir clientes.

La falta de apoyos oficiales para quienes tuvieron que suspender la actividad también resintió a su negocio. Varias organizaciones empresariales pidieron al gobierno diferir el pago de impuestos, pero no tuvieron éxito en su reclamo.

"Tienes que aprender a rascarte con tus propias uñas", comenta Hernández, de ojeras y mirada cansada.

El gobierno, que pronostica la pérdida de un millón de empleos formales por la crisis, ha prometido crear dos millones de puestos de trabajo y ofrece una cantidad igual de microcréditos.

Hernández no es el único que esperaba más del gobierno. El domingo, centenas de personas en automóviles exigieron la renuncia del presidente Andrés Manuel López Obrador al rechazar sus políticas y gestión de la pandemia.

Diana Corona, de 26 años, se adelantó a abrir la peluquería que gestiona para ver cómo funciona el negocio en la nueva normalidad, pues no quiere dejar espacio al error.

Al fino trabajo con las tijeras se suma lidiar con una careta que se empaña, barrer continuamente y hasta registrar el nombre del estilista, la hora de ingreso del cliente y un número de contacto que permita hacer un rastreo por si hay contagio.

Aun con esas medidas, el negocio tendrá que ir cuesta arriba. “Solamente nos permiten cuatro personas para trabajar y las tenemos que tener separadas unas de otras”, dice Corona con resignación.

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