RAMALA, Cisjordania (EFE).- El líder histórico Yasser Arafat atrajo la mirada del mundo sobre la causa de su pueblo y convenció a los palestinos de que la unidad era el único camino hacia su liberación, recuerdan muchos en Cisjordania una década después de su muerte.
Transcurrido este tiempo, también piensan que las divisiones en el terreno político y social, acuciadas por la discontinuidad geográfica y una crítica situación de tensión en permanente ebullición con Israel, empañan su legado en una Palestina que consideran huérfana de liderazgo.
"Él fue quien trabajó por y para la unidad. Era todo para Palestina. Dejó un gran vacío que sentimos a diario. Echamos de menos a alguien que nos represente", resume Nawal Nazeeh.
Este fornido combatiente transformado en el presidente de la Asociación Nacional de Culturismo vivió literalmente "a la sombra del líder" como parte de su guardia personal, con quién recorrió un mundo que conoció Palestina a través de su figura.
"Desde que murió Abu Ammar no hemos conseguido nada a nivel político y la sociedad está más fragmentada. Oslo y el Estado palestino están muertos por la confiscación de tierras, la construcción de asentamientos... Los israelíes han matado sus derechos y los nuestros, y la idea de dos estados en una misma tierra", lamenta Nazeeh.
Lema, hija de Nazeeh, activista y abogada próxima a la treintena representa a una generación de jóvenes que mira con desconfianza a su clase política y afronta una crisis de valores.
"Como parte de otra generación, crecimos con él y podemos sentir que no hay un liderazgo. Pero quizá es algo bueno porque él lo era todo y cuando murió, el liderazgo murió también. Ahora tenemos que luchar por encontrar otro modelo", apunta Lema.
Zoraida Husein, directora del Comité Técnico de Asuntos de las Mujeres, una organización de base nacida en el espíritu asociativo de la primera intifada que nunca comulgó con los Acuerdos de Oslo firmados por Arafat con Israel, muestra su pesimismo.
"Oslo hizo mucho mal. Pero incluso las que estábamos en contra creímos que realmente estábamos edificando las bases de nuestro estado y nuestra sociedad. Hasta 2001", recuerda Zoraida. "Él (Arafat) y todos nos comimos el cuento", añade.
Ahora, una década después, "hay un ambiente malísimo políticamente. Las mujeres hemos perdido derechos. Nuestro presidente solo negocia sin hablar con nadie y hay grupos religiosos que quieren hacerse más fuertes. Tenemos una Autoridad palestina con un gobierno que tiene ministros pero no tenemos líderes", critica Zoraida.
"Nuestra única solución, ahora, es definirnos a través de unas elecciones y decidir quién nos liderará. Si los liberales o los radicales, alimentados por Israel", concluye Nawal Nazeeh.
