Con insistentes plegarias por el fin de la pandemia de la Covid-19, el mundo andino boliviano comenzó agosto, el mes que la tradición dedica a la Pachamama y durante el cual se le ofrecen a la Madre Tierra generosas ofrendas agradeciendo los bienes recibidos.
“La gente no pide tanto riqueza, sino salud, estar tranquilos, no enfermar. En segundo lugar está lo económico”, explica a la AFP Eli Laura, una curandera que ha ofrecido este domingo en “La Cumbre” varias ofrendas a nombre de sus clientes.
“La Cumbre”, distante 12 km de la ciudad de La Paz, es el punto más alto (4.600 m.s.n.m.) de la carretera que une el altiplano con la zona tropical de los Yungas.
Con frecuencia la zona está coronada de nieve, lo que atrae a los visitantes que buscan esparcimiento; sin embargo, este domingo se llenó de comerciantes y transportistas que agradecían por la prosperidad de sus negocios.
La celebración de este año estuvo caracterizada por una intensa nevada que, según los asistentes, es signo de buen augurio.
Por momentos, las ráfagas de viento eran tan intensas que impedían escuchar a los interlocutores y la niebla imposibilitaba distinguir a las personas. Solo las fogatas y las luces intermitentes de las movilidades descubrían la presencia humana en un paisaje sobrecogedor.
Sin embargo, ni la nieve ni la gélida ventisca invernal desanimaron a los creyentes, congregados desde la medianoche.
“La costumbre es llegar el primero de agosto. A las 12 de la noche, la Pachamama abre su boca y tenemos que agradecerle mediante la ofrenda”, dice Antonia Quispe, otra curandera, quien explica que además de pedir prosperidad y éxito en los negocios, la ofrenda es para que la Covid-19 “desaparezca y para que la Pachamama se coma la enfermedad”.



