El papa Francisco denunció este domingo 5 de diciembre el “naufragio de la civilización” que abandona a los migrantes, en un discurso en el campo de refugiados de Lesbos, cinco años después de su primera visita a esta isla griega, emblema de la crisis migratoria.
El Mediterráneo “está convirtiéndose en un cementerio frío sin lápidas [...] Se lo ruego, ¡detengamos este naufragio de la civilización!”, lanzó el sumo pontífice ante los migrantes, en el segundo día de su visita a Grecia.
En el campamento de Mavrovouni, que sigue albergando a unos 2,200 solicitantes de asilo en condiciones muy difíciles, fue cálidamente acogido por los migrantes, que se congregaron entre los contenedores y las tiendas de campaña del lugar.
El pontífice saludó y bendijo a las familias presentes, entre ellas numerosos niños. “Welcome!”, “We love you!”, se podía escuchar.
Francisco abrazó a un niño, y se dirigió a un grupo de refugiados. “Intento ayudarlos”, les dijo.
Luego, bajo una tienda de campaña, el papa, visiblemente emocionado, escuchó los cantos alegres de una coral de exiliados y lamentó que el Mediterráneo, “cuna de tantas civilizaciones” sea hoy “como un espejo de la muerte”.
“No permitamos que el mare nostrum se transforme en un desolador ‘mare mortuum’ (...), no dejemos que este mar de recuerdos se convierta en el mar del olvido” exhortó en presencia de varios responsables religiosos, la presidenta griega, Katerina Sakellaropoulou, el vicepresidente europeo, Margaritis Schinas, y el ministro griego de Migración, Notis Mitarachi
Unos 40 solicitantes de asilo, en su mayoría católicos originarios de Camerún y de República Democrática del Congo (RDC), asistieron a la oración del Ave María pronunciada por el papa.
Antes, Christian Tango, un congoleño de 31 años, se dirigió al papa agradeciéndole su “espíritu de humanidad” ante “niños migrantes y refugiados”, y le pidió que rezara por que obtuvieran “un lugar seguro en Europa”.
Mavrovouni es una estructura construida precipitadamente en una antigua zona de tiro del ejército tras el incendio del campo de Moria, en septiembre de 2020. Este insalubre campamento de migrantes era el más grande de Europa.
“Es una bendición esta visita. El papa es nuestro jefe espiritual”, declaró este domingo a la AFP la congoleña Rosette Leo, poco antes de que llegara el pontífice.
Su compatriota Orphée Madouda también se congratuló: “Es la primera vez que voy a ver al papa”, pero luego se lamentó: “Nosotros los refugiados somos seres humanos, y hay que tratarnos como tales y no como prisioneros”.

