El gobierno boliviano advirtió contra brotes de violencia en el marco de las elecciones del próximo 18 de octubre, como ocurrió tras los comicios de 2019 con un saldo de 35 muertos, y aseguró que militares y policías están en “alerta permanente”.
“Nosotros no vamos a permitir que la democracia entre en juego, la democracia se la va a respetar, al precio que tenga que ser, no vamos a permitir de tener a nuestro pueblo en vilo nuevamente”, afirmó el ministro de Gobierno (Interior), Arturo Murillo.
El jerarca aludió a declaraciones de la semana pasada de Andrónico Rodrígez, dirigente del Movimiento Al Socialismo (MAS, izquierda), quien dijo que “si provocan alguna irregularidad, levantamos el ‘cuarto intermedio’, el pueblo boliviano en las calles recuperará el poder”.
En tanto, el viceministro de Interior, Javier Issa, dijo que “la Policía y el Ejército están prestos y en emergencia. Vamos a estar en alerta permanente hasta que se haga el traspaso de mando al nuevo gobierno”.
Dio cuenta además de reuniones entre los ministerios de Defensa y Gobierno “para coordinar, en caso de que se activen movimientos sediciosos, o activen las convulsiones sociales en el país”.
Las protestas de sindicatos campesinos e indígenas están en pausa desde agosto, cuando exigieron mantener la fecha de elecciones, que no obstante fueron aplazadas hasta el 18 de octubre debido a la pandemia de covid-19.
Luis Arce, candidato del MAS y delfín del expresidente Evo Morales (2006-2019), también echó sombras sobre el proceso electoral hace dos semanas, cuando señaló que “nosotros no tenemos la seguridad de que se hagan unas elecciones transparentes con este TSE” (Tribunal Supremo Electoral).
Aseguró que encabeza la intención de voto en todas las encuestas y que, por lo tanto, “no vemos la posibilidad de que nos ganen, excepto con un fraude”.
En efecto, las encuestas ubican a Arce a la vanguardia con 29,2%, seguido por el exmandatario de centro Carlos Mesa (19%) y el líder regional de derecha Luis Fernando Camacho (10,4%).

