Francia se prepara a abrir progresivamente las escuelas a partir de la próxima semana tras dos meses de cierre por la pandemia del coronavirus, una medida que divide a padres y profesores, en un contexto de creciente desconfianza en la gestión del ejecutivo.
La mayoría de parvularios y escuelas primarias abrirán el 11 de mayo -inicio de la fase de desconfinamiento de la población- con un límite de 15 alumnos por aula, aseguró esta semana el ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer.
El retorno a las aulas se hará de forma voluntaria y siguiendo un estricto protocolo sanitario: lavarse las manos regularmente, mantener una distancia de al menos un metro a todo momento y desinfectar el material varias veces al día.
Se deberá también escalonar las llegadas y salidas, los profesores deberán usar mascarillas y durante los recreos quedan prohibidos los juegos de contacto y con balones, así como el uso de los toboganes, difíciles de limpiar continuamente.
En Europa, el grueso de los alumnos no volverá a las aulas hasta septiembre. Es el caso de Italia y España, en donde el curso escolar terminará a distancia. Pero Francia, al igual que Alemania, prefirió reabrir los establecimientos progresivamente antes de las vacaciones de verano.
El presidente francés, Emmanuel Macron, justificó esta decisión como una medida social. “Hay niños que no están siguiendo las clases [a distancia] y se ahondan las desigualdades sociales”, sostuvo el mandatario el martes durante una visita a una escuela cerca de París.
Es también, indicaron fuentes de la presidencia, una manera para ayudar a que un máximo de franceses pueda regresar al trabajo a partir de la próxima semana y poder así reactivar la economía francesa que atraviesa una recesión histórica.
DOCENTES
Pero los sindicatos de docentes ven con preocupación el regreso a clases en medio de una pandemia que ya dejó más de 25,000 muertos.
“Nos dicen que todos los lugares públicos van a permanecer cerrados, los cines, las salas de espectáculo, pero no las escuelas, pese a que sabemos que es un lugar de alta transmisión”, dijo recientemente a la AFP Francette Popineau, del sindicato SNUipp-FSU, mayoritario en la educación primaria.
Para Popineau, hay una fuerte incomprensión por parte de los profesores, que "tienen la impresión de ser sacrificados por el bien de la economía".
Muchos docentes, como Elisabeth, profesora en una escuela del centro de París, se interrogan también sobre cómo aplicar correctamente las estrictas medidas sanitarias, sobre todo entre los más pequeños.
“Va a ser complicado asegurarse que cada niño se lave bien las manos y mantengan entre ellos todo el tiempo un metro de distancia”, dice consternada.

