El expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva volvió a vestirse este viernes de líder obrero, para denunciar en una manifestación en Sao Paulo un intento de "golpe" contra su sucesora Dilma Rousseff, amenazada por un juicio de destitución.
Las manifestaciones, convocadas por el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), la Central Única de Trabajadores (CUT) y diversas organizaciones sociales, movilizaron a 267 mil personas en todo el país, según la policía, y a 1.2 millones según los organizadores.
"No vamos a aceptar que haya un golpe", lanzó Lula, de 70 años, con una voz más rasgada que nunca, ante decenas de miles de personas que vibraban a cada una de sus frases.
"Fue maravilloso lo que dijo, toda la energía, aliento y esperanza que transmitió al pueblo para que continuemos en la lucha", dijo María Cicera Salles, una funcionaria de 60 años.
En su discurso, Lula denunció a quienes "tratan de anticipar elecciones dando un golpe contra Dilma". "Tenemos que decirles que quienes estamos en esta plaza hemos luchado para derrocar al régimen militar, para conquistar la democracia, y que no vamos a aceptar que haya un golpe", proclamó.
La crisis política que azota a Brasil y la recesión económica desgastaron la popularidad de Rousseff y opacaron la imagen de un país emergente pujante, deseoso de celebrar sus conquistas en los Juegos Olímpicos de Rio en agosto próximo.
Ambiente de fiesta y hasta un concierto de reggae se escuchó en la Paulista. "Quieren arrestar a nuestro Mandela", dijo el cantante del grupo, al referirse a la posibilidad de que el antiguo tornero convertido en presidente acabe en la cárcel.
La polarización de la sociedad brasileña crea temores de que las cosas se les escapen de las manos a todos."No creo que el gobierno caiga, pero si eso ocurre va a haber violencia en las calles.
La crisis se aceleró esta semana tras la designación de Lula como jefe de gabinete de Rousseff. Lula fue llamado a ayudar a su heredera política y sucesora a recomponer la base aliada, que hace aguas, para bloquear el proceso de destitución en el Congreso.
La Cámara de Diputados realizó este viernes la primera sesión de las 15 previstas, para que una comisión especial recomiende la apertura o el archivo de un pedido de impeachment. El presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, dijo que la Comisión podría dar su parecer en unos "30 días".
La "operación retorno" de Lula estuvo además cerca de zozobrar, por sospechas de que el exmandatario se proponía ante todo, asumiendo un cargo ministerial, obtener fueros especiales que lo libraran de las investigaciones del juez anticorrupción Sergio Moro sobre el escándalo Petrobras.
La divulgación de una conversación telefónica pinchada entre Lula y Rousseff avivó esa sospecha y provocó nuevas protestas, principalmente en Sao Paulo y Brasilia.
Rousseff rechazó esa versiones y criticó la divulgación de la conversación por el juez Moro, contra quien tomará "las medidas que correspondan", proclamó en un acto en el estado de Bahia.
