Jerusalén vive su Semana Santa más silenciosa de los últimos tiempos. Desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán y desataron una oleada de represalias con misiles y drones, los lugares santos de la Ciudad Vieja cerraron sus puertas.
El Santo Sepulcro, la iglesia que marca el sitio donde los cristianos creen que Jesús fue crucificado, sepultado y resucitó, lleva semanas clausurado. Las procesiones se cancelaron. Las empedradas calles están vacías.

El Patriarcado Latino de Jerusalén, después de un acuerdo con las autoridades israelíes desarrollan ceremonias pascuales a puerta cerrada, con un pequeño grupo de frailes franciscanos y dos o tres personas externas. El resto del mundo las puede seguir vía streaming.
‘Todos los grupos cancelaron’
Samanta Rivera es venezolana, lleva cuatro años y medio en Israel y trabaja como directora de mercadeo del Notre Dame of Jerusalem Center, el mayor hospedaje de peregrinos en Tierra Santa. El centro pertenece al Vaticano, está a ocho minutos caminando del Santo Sepulcro y en tiempos normales emplea a unos 170 trabajadores, en su mayoría cristianos locales.

En Semana Santa, Notre Dame suele llenarse. Los grupos llegan sobre todo de Estados Unidos, pero también de Brasil, México y Colombia. El año pasado, a pesar de la guerra que siguió al 7 de octubre de 2023, la ocupación fue buena. “ Vinieron grupos pequeños, peregrinos locales desde Nazaret y el norte, y además la Pascua católica y la ortodoxa coincidieron ese año, lo que concentró aún más visitantes”, narró.
Este año fue diferente desde el primer día.

“Este año teníamos muy buenas expectativas de grupos que han estado regresando, pero debido a las circunstancias, en este momento todos los grupos han cancelado”, dice Rivera. “También depende mucho de las aerolíneas, y ya cuando las aerolíneas empiezan a cancelar, para nosotros es automáticamente una cancelación”, añadió.
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En medio de tiempos inciertos hay esperanza. Rivera cuenta que la mayoría no canceló del todo, sino que movió sus viajes a octubre. “Tenemos mucha esperanza de que, si Dios quiere, cuando esto termine ya vuelva todo a la normalidad”, dice. “Lo bueno es que en el fondo no cancelan del todo”, agrega.
Sin embargo, el centro que puede albergar a cientos de peregrinos espera en silencio.
‘Yo no me acostumbro al sonido de una alarma’
Anne-Marie Terrenoir es francesa, lleva casi siete años en Jerusalén y pertenece a las Consagradas del Reino de Cristo. Habla español con acento europeo.
En condiciones normales, ella vive la Semana Santa con una intensidad que pocos lugares del mundo permiten. El Domingo de Ramos, una procesión parte desde Betfagé, en el Monte de los Olivos, y recorre el mismo camino que hizo Jesús al entrar a Jerusalén.

El lunes santo, misa en Betania, donde ungen a los fieles con nardo. El jueves santo, la última cena, Getsemaní. El viernes, el camino de la cruz por las calles de la Ciudad Vieja.
La noche del sábado, la vigilia pascual, “la misa de las misas”, con siete lecturas que recorren toda la historia de la salvación.
Y sobre todo, todo ocurre en los lugares donde pasó.

“Aquí es el lugar, es el lugar donde ocurrió”, dice Terrenoir. “No por nada llamamos aquí Tierra Santa el quinto evangelio. Evangelios son cuatro, pero el quinto enseña que aquí la tierra, las piedras, hablan de la vida de Jesús”, explica.
Este año, nada de eso es posible en la calle. El Santo Sepulcro sigue cerrado. Las procesiones, canceladas. Terrenoir celebrará en la capilla de Notre Dame, con los sacerdotes del centro.
“Lo siento con mucha tristeza”, admite. “Que esté cerrado el Santo Sepulcro desde casi el inicio de la cuaresma, que no se pueda tener la procesión tan bella como la del Domingo de Ramos”. añade. Pero enseguida aclara: “No es lo más importante. Lo más importante es que sí lo podamos celebrar”.

La guerra la golpea de otra manera también. Creció en Francia y nunca había vivido cerca de un conflicto armado. Ahora escucha sirenas. Escucha misiles. Escucha explosiones.
“Yo no me acostumbro aquí al sonido de unas alarmas, de un misil, de una explosión”, dice. “Es difícil, se siente algo de miedo, no hay peregrinos, está vacío. Pero aún así no quiero que eso gane en mí”, añade.

Jerusalén espera
Desde el 7 de octubre de 2023, ninguna Semana Santa en Jerusalén ha sido completamente normal. La de 2024 fue la más compleja. La de 2025 repuntó, con la coincidencia de las pascuas católica y ortodoxa. La de 2026 marca un retroceso que nadie esperaba.
Los fragmentos de misiles iraníes cayeron a metros del Santo Sepulcro. Las puertas de las tiendas de la Ciudad Vieja tienen candados.
Esta historia se construyó con testimonios recogidos en Jerusalén por Fuente Latina, una organización que facilita coberturas sobre Israel para agencias y medios como La Prensa.


