Los desafíos de Lula y su partido en un Brasil dividido

El ahora presidente electo lideró un frente progresista formado por diez partidos de izquierda y centroizquierda, que tuvo al PT como punta de lanza. Su emblemático color rojo lo cambió por blanco.

Los desafíos de Lula y su partido en un Brasil dividido
Luiz Inácio Lula da Silva saludó este domingo a sus simpatizantes junto a su fórmula vicepresidencial, Geraldo Alckmin (c), tras su triunfo en la segunda ronda de las elecciones presidenciales, en la Avenida Paulista en Sao Paulo (Brasil). EFE/ Ettore Chiereguini

El Partido de los Trabajadores (PT), la mayor formación de izquierdas latinoamericana, volverá al poder con Luiz Inácio Lula da Silva, pero será solo una pieza más del complejo rompecabezas que deberá armar el presidente electo de Brasil.

Lula ganó la segunda vuelta de las elecciones de este domingo con una ajustadísima diferencia, menor a los dos puntos porcentuales con respecto al actual presidente, Jair Bolsonaro, líder de la ultraderecha que dejará el poder el próximo 1 de enero.

El presidente electo encabezó un frente progresista formado por diez partidos de izquierda y centroizquierda, que tuvo al PT como punta de lanza, pero al que después de la primera vuelta del 2 de octubre se unieron fuerzas de centro y derecha que también acabaron siendo fundamentales para su apretada victoria.

De hecho, esas corrientes fueron determinantes hasta para el cambio cromático de la campaña de Lula, que durante el último mes dejó de lado el tradicional rojo del PT para adoptar el blanco de la “paz y la democracia” como marca.

“No es una victoria mía o del PT. Es una victoria de todas las mujeres y los hombres que aman la democracia, que quieren libertad, cultura, educación, fraternidad e igualdad”, declaró Lula tras su triunfo, y subrayó que “Brasil y su pueblo” han derrotado en las urnas “al fascismo y al autoritarismo” que encarna Bolsonaro.

En lo que el PT bautizó como la “fiesta de la victoria”, Lula fue arropado por viejos compañeros de esa formación, pero también por la senadora Simone Tebet, de centroderecha y tercera en la primera vuelta, y la senadora Eliziane Gama, conservadora y evangélica que tendió puentes entre el líder progresista y esa corriente religiosa.

¿Una ‘Concertación a la chilena’?

El “frente amplio” que Lula comenzó a tejer antes de la campaña y reforzó en las últimas semanas ya incluía desde el principio a un viejo adversario: el liberal Geraldo Alckmin, que fue aceptado muy a regañadientes por el PT como su compañero de fórmula y será ahora su vicepresidente.

Alckmin hizo toda su vida política en el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que en las últimas décadas escoró hacia la centroderecha y que, en su mayoría, también cerró filas con Lula para la segunda vuelta.

Así, y con la mayoría de centro y centroderecha que dominará el Parlamento en la nueva legislatura que comenzará en 2023, Lula se verá obligado a usar todo el pragmatismo que ha caracterizado su vida política para poder garantizar la gobernabilidad a partir del 1 de enero.

La alianza de ese amplio espectro ideológico ya ha comenzado a ser comparada por algunos analistas con la Concertación, que gobernó Chile tras la caída de la dictadura de Augusto Pinochet, a quien Bolsonaro siempre elogió como un “modelo de gobernante”.

Un gobierno de Lula, pero de centro

Fuentes del PT consultadas por Efe admitieron que el partido que Lula fundó en 1980 deberá ceder espacios en la que será la tercera gestión del dirigente progresista al frente del Ejecutivo.

“Será un gobierno de centro”, explicaron, en el que deberá haber lugar para “todas las fuerzas democráticas” que se enfrentaron a Bolsonaro durante los últimos cuatro años.

Eso supondrá una presencia menor del “partido sin patrones”, como se definía el PT hace 42 años y que, desde entonces, ha pasado por diversas purgas en las que fueron expulsadas sumariamente todas las corrientes más radicales.

Esas disputas internas fueron eliminando gradualmente todos los postulados marxistas de los inicios, para llevar al partido hacia la centroizquierda en la que sitúa hoy, que deberá ser aún más moderada en el Gobierno que Lula asumirá el 1 de enero de 2023.


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