Los españoles reciben entre resignación y aprobación las mascarillas al aire libre

Los españoles reciben entre resignación y aprobación las mascarillas al aire libre
De vacaciones en la capital española, Ramy Azizeh no se había enterado. AFP

Es una “medida estupenda”, se congratula Amadeus García en el centro de Madrid, un día después del anuncio del regreso de la mascarilla obligatoria al aire libre en España, una decisión que algunos aprueban y otros aceptan con resignación en plena nueva ola de contagios de la Covid-19.

En un centro de Madrid adornado por Navidad, la mañana de este jueves 23 de diciembre podían verse algunos rostros destapados, de turistas, ciclistas o fumadores. Pero la mayoría de las personas portaban mascarilla, incluso un día antes de que entre en vigor la nueva medida este viernes.

A Amadeus García, un señor de 82 años que pasea por la céntrica Puerta del Sol con una mascarilla FFP2, la disposición le parece “estupenda”, ya que apoya “todo lo que sea protección” contra la Covid-19.

Ante las dudas que expresan ciertos expertos sobre la efectividad de los tapabocas en exteriores, Amadeus exclama: “Hay negacionistas en todas partes”.

De vacaciones en la capital española, Ramy Azizeh no se había enterado. “¿Por la calle también? No lo sabía”, dice a la AFP este hombre con el rostro desnudo.

Pero afirma que le parece positivo y estima que debería exportarse a Londres, donde reside. “Por eso tenemos tantos casos, tenemos 100 mil casos” en 24 horas, afirma.

Jeannet Prevost, peruana de 62 años, también de paso por Madrid, aprueba la disposición “preventiva”, sobre todo ante la nueva variante Ómicron, más contagiosa.

En la entrada de una estación de metro, Aida García, abogada de 28 años, dice que para ella es el “último día de libertad”.

“Es muy molesto, pero creo que es necesario”, dice, subrayando que no por llevar la cara tapada hay que olvidarse de las otras recomendaciones para prevenir la Covid-19.

Dice que a partir del viernes respetará la norma, a la que considera “una medida de Navidad”, y espera que en febrero las autoridades “nos vuelven a dejar en libertad”.

Begoña Gómez, de 61 años, va del brazo de su hija Cristina Blanco, de 23. Ambas se reajustan la mascarilla que tenían en el mentón cuando alguien se les acerca.

Ellas consideran “inútil” llevarla en exteriores.

“La gente tiene sentido común, todos ya sabemos cómo actuar si no hay nadie (en la calle) o si hay que protegerse”, explica Begoña.

En Barcelona (noreste), la segunda ciudad de España, Lorena Ramos, una enfermera de 34 años, es de la misma idea: “Dado el tiempo que llevamos de pandemia, ya deberíamos ser suficientemente cívicos y adultos como para saber el uso de la mascarilla cuando hay una aglomeración de gente”.

Alberto Díaz, fotógrafo de 34 años, dice que se trata de una “medida disuasoria para controlar la Navidad de alguna manera, como medida exprés para que se vea que se está haciendo algo”.


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