Manifestantes prodemocracia protestaban este sábado en Birmania bajo el estandarte del “pavo real combatiente”, dispuestos a resistir “hasta el final” a la sangrienta represión de la junta, que ha sido condenada por países occidentales pero también por vecinos asiáticos.
Cerca de 240 civiles han muerto desde el 1 de febrero, el día del golpe militar que instaló en el poder a la junta y derrocó al gobierno civil dirigido de facto por Aung San Suu Kyi.
El balance podría ser más grave, pues centenares de personas desaparecieron en las últimas semanas.
Pese a todo, la movilización continúa.
“El movimiento prodemocracia impide a la junta ejercer el poder político y administrativo”, destaca la Asociación de Asistencia a los Presos Políticos (AAPP).
Médicos, profesores, empleados de banco o de ferrocarriles están en huelga, paralizando una parte de la frágil economía del país.
Y este sábado se organizaron nuevas manifestaciones, como en Mandalay (centro).
Los manifestantes, congregados detrás de barricadas de sacos de arena, mostraron una bandera negra, firmada: “El pavo real combatiente”, un símbolo utilizado durante la sublevación popular de 1988 y luego por el partido de Aung San Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia (LND).
“¿Quién ha dicho que debemos abandonar a causa de las armas [de la Junta]? Hemos nacido para la victoria” tuiteó Ei Thinzar Maung, uno de los líderes de la protesta.
“Lucharemos hasta el final”, escribió otro manifestante. “Esta dictadura va a caer”.
No obstante, los manifestantes son menos y muchos birmanos permanecen en sus casas por miedo a las represalias.
Una protesta en Thaketa, un barrio de la capital, se saldó presuntamente con la muerte de un adolescente, que recibió un disparo en la cabeza, según un testigo presencial que quiso guardar el anonimato.
Según un video que pudo ver un periodista de la AFP, las fuerzas del orden disparaban e insultaban a los manifestantes en el barrio.
Otra persona, una mujer llamada Mar La Win, murió al salir de su domicilio en Pakokku (centro), informó su marido, Myint Swe, que consiguió esconderse junto a sus tres hijos.
La policía le pidió acudir a la morgue para identificar el cadáver.
