Patrullas militares y policiales custodiaban este martes 5 de abril las semivacías calles de Lima, haciendo cumplir un toque de queda diurno decretado por el gobierno peruano del presidente izquierdista Pedro Castillo para contener protestas por el alza de precios.
Los comercios estaban cerrados, clases suspendidas y el transporte público era casi ausente en la capital y el vecino puerto del Callao, donde viven 10 millones de personas.
Los limeños fueron sorprendidos por la medida, anunciada hacia la medianoche del lunes por Castillo por televisión, pues los disturbios de ese día habían sido focalizados y los más graves tuvieron lugar en provincias, no en la capital.
El presidente argumentó que la “inmovilidad ciudadana” (toque de queda), que rige hasta las 11:59 de la noche, buscaba “resguardar la seguridad” de la población “ante los hechos de violencia que algunos grupos han querido crear”.
“Se tenía información de fuente reservada que hoy se iban a producir actos vandálicos. Esa es la razón por la que hemos tomado esta medida”, dijo el ministro de Defensa, José Gavidia.
A media tarde, Castillo inició una reunión con los líderes opositores que controlan el Congreso en busca de contener las protestas.
“Estamos dispuestos a conversar y ver la salida conjunta a este escenario”, dijo al llegar al Parlamento el mandatario, quien enfrenta la primera gran protesta contra su gobierno, iniciado hace ocho meses.
Mientras el presidente y los directivos del Congreso y jefes de bancadas iniciaban su reunión, cientos de personas protestaban en diversos puntos de Lima.
Con carteles “Fuera Castillo” y golpeando cacerolas, los manifestantes recorrían las calles en dirección a la céntrica plaza San Martín.

