El panameño Gustavo Cárdenas recibió la noticia a través de su móvil apenas había llegado a su casa, ubicada a unos 15 kilómetros del centro de París.
Encendió el televisor y quedó perplejo: ataques terroristas en pleno corazón de la Ciudad Luz, la cuna de valores como libertad, igualdad y fraternidad. Fue una larga noche llena de informaciones confusas, temor y continuas llamadas de parientes y amigos que querían saber cómo estaba.
El día siguiente de esa noche de viernes de terror fue inusualmente muy “tranquilo”, narra. En los puestos de los diarios destacaban portadas con palabras como “Carnages” y ‘L’horreur’ (carnicería, horror).
“Todo estaba nublado, con temperaturas de 12 grados, en armonía con lo ocurrido, porque aquí es un día de duelo nacional”, relató Cárdenas, joven tableño que estudia un máster en hidrología en París.
La tristeza y el luto se percibía en las calles. Después del mediodía y en horas de la noche, la vida parecía retomar su curso -supermercados llenos y buses y metro con gran actividad- en medio de noticias de que los terroristas se acreditaban la masacre y el mundo se solidarizaba con el pueblo galo. Francia está de luto, de nuevo.
