El periodismo, ‘una vaina’ que García Márquez llevaba dentro

Gabriel García Márquez no se cansaba de repetir que el periodismo era el mejor oficio del mundo, 'una vaina que uno lleva por dentro' y en su caso, además, el suelo bajo los pies que no le permitió perder contacto con la realidad.

El periodismo, ‘una vaina’ que García Márquez llevaba dentro
El periodismo, ‘una vaina’ que García Márquez llevaba dentro

BUENOS AIRES, Argentina. (DPA).–  Gabriel García Márquez no se cansaba de repetir que el periodismo era el mejor oficio del mundo, “una vaina que uno lleva por dentro” y en su caso, además, el suelo bajo los pies que no le permitió perder contacto con la realidad cuando comenzó a acumular premios, entre ellos el Nobel de Literatura en 1982.

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Sin embargo, en sus últimos años dejaba entrever cierta aflicción por la mala calidad del periodismo escrito, más regido por la velocidad que por la calidad, lo que lo llevaba a “sufrir como un perro” cuando leía los diarios por la mañana.

Convencido de que el periodismo escrito es un género literario, en una de sus numerosas disertaciones, reunidas en el libro Yo no vengo a decir un discurso (Mondadori, 2010), el autor de Cien años de soledad tomaba nota de los muchachos que salían de las escuelas de periodismo desvinculados de la realidad, con más afán de protagonismo que vocación; se quejaba del abuso de la grabadora (“la grabadora oye, pero no escucha”) y apuntaba que el oficio no había logrado evolucionar con la misma velocidad que sus instrumentos.

El periodismo que conoció García Márquez fue el de las largas sobremesas de café, las lecturas compartidas, las aventuras algo descabelladas, el lápiz y el anotador, el mismo que su colega –y enemigo íntimo– peruano Mario Vargas Llosa plasmara en su novela Conversación en La Catedral en 1969.

Gabo dio sus primeros pasos en el periodismo en 1948 en el diario El Universal de Cartagena de Indias, en Colombia, y en 1950 se pasó a El Heraldo, en la caribeña Barranquilla, donde escribía una columna diaria titulada La jirafa bajo el seudónimo de Septimus.

Sin embargo, fue en el diario El Espectador de Bogotá donde debutó como reportero. Su primer reportaje como enviado especial, Balance y reconstrucción de la catástrofe de Antioquía, donde contó la tragedia provocada por un deslizamiento de tierra en el sector de Media Luna en Medellín, se publicó en tres entregas.

Fue en ese mismo diario donde publicó en 1955, en 14 entregas, su propia versión sobre el accidente del destructor Caldas en alta mar, basada en el testimonio del sobreviviente Luis Alejandro Velasco, que había pasado diez días sin comer ni beber en una balsa, a la deriva. Finalmente, en 1970, el reportaje sería publicado como libro bajo el título Relato de un náufrago.

La publicación de su versión de los hechos dio pie a un encendido debate nacional, ya que rebatía la versión oficial según la cual el naufragio se había producido por una tormenta y reveló que ocho marineros cayeron al mar por una carga mal colocada en cubierta. Para calmar las aguas, García Márquez fue enviado como corresponsal a Europa, donde vivió en Roma y París y visitó las dos Alemanias, Rusia, Ucrania, Polonia y Checoslovaquia para conocer el socialismo de cerca.

Estando en Londres, le llegó una oferta para trabajar en Venezuela, donde se desempeñó como jefe de redacción de la revista de chismes Venezuela Gráfica.

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