¿Por qué ganó Gabriel Boric?

¿Por qué ganó Gabriel Boric?
Gabriel Boric, presidente electo de Chile. AFP

“Por la razón o la fuerza”, es el lema del escudo de armas de la República de Chile. La elección de Gabriel Boric, en la segunda vuelta electoral del pasado domingo 19 de diciembre, está fundamentada en la razón de las protestas callejeras y en la fuerza de las ideas de cambio.

América Latina y el Caribe fluyen como reloj suizo a uno de sus ciclos históricos más dinámicos. No es únicamente un giro a la izquierda, si no la era del outsider. Esta regla se aplica a las elecciones de Andrés Manuel López Obrador en México, Jair Bolsonaro en Brasil, Nayib Bukele en El Salvador y Pedro Castillo en Perú. El caso de Honduras es una mención aparte.

El outsider promete cambiar las cosas de la mejor forma posible: rompiendo las reglas. Las caras nuevas y las ideas de vanguardia como los trenes maya, o la república del Bitcoin que acompañados de gestos simbólicos como rifar el avión presidencial o convertir la Casa Presidencial en un museo, confirman la ética y la estética de los votantes, en su mayoría un pueblo compuesto de clase media estrangulada y de clase trabajadora desesperada.

Los medios internacionales usan los espacios comunes y las frases manidas para encasillar a todos los latinoamericanos. Nos imaginan ahogados en alcohol en medio de fiestas y siestas, carentes de una cultura de trabajo dedicada y poseedores de una faraónica capacidad para el despilfarro y la corrupción. En ese imaginario lo latino tiene que ser un narcotraficante, una prostituta, un guerrillero barbudo, una madre que llora o un sacerdote severo. Nosotros mismos nos hemos comido ese imaginario, de una portuguesa, Carmen Miranda, bailando con una ensalada de frutas en la cabeza para decirnos Brasil, o de un único colombiano, Pablo Escobar Gaviria, para representar a 51 millones de almas.

La carta de navegación

El chileno Boric es el hijo de las organizaciones civiles, de los que bloquean calles y hacen huelgas, pero de los que también trazan estrategias y saben llegar a consensos. A su favor tiene un clima internacional sumamente tolerante con estos experimentos. Además, Chile está en un proceso de revisar su Constitución Política por medio de una constituyente y, a la vez, está en un proceso de formular nuevas reglas para aprovechar la plusvalía del cobre. Si son aprobadas estas últimas, el gobierno de Boric tendrá dinero para combatir las desigualdades y para establecer un Chile del siglo XXI.

Tal vez, el presidente electo Boric se desprenda del complejo de superioridad que los chilenos tienen hacia Bolivia y le reconozca su merecida salida al mar. Boric podría resolver disputas pesqueras con Argentina y Perú. Sin embargo, en la política interior es donde se espera que deje su mayor marca: educación, pensiones y reformas a la seguridad pública.

La educación chilena está marcada por la inequidad y, sobre todo a nivel universitario por la alta desigualdad de las oportunidades de entrada. Un generoso sistema de becas y la distribución equitativa de asignaciones financieras entre colegios públicos, sería un gran comienzo. Para el tema de las pensiones, no hay soluciones mágicas ni fiscalmente responsables. Cualquier respuesta en materia pensional generará un compromiso significativo de las rentas del Estado chileno. En materia de seguridad pública, reformar la gendarmería (equivalente a la policía nacional), y transformar a las fuerzas armadas chilenas no será cosa fácil. Además, Boric tendrá que enfrentarse a un aparato judicial bastante conservador.

El panorama regional

En el 2022 habrá elecciones en Brasil y Colombia. En estos torneos electorales podrían resultar ganadores Gustavo Petro en Colombia y Lula Da Silva en Brasil. Aunque Colombia puede sorprender con un resultado distinto, otro outsider fuera de radar, la de Brasil es una elección triste, ya que devolvería el poder al padrino del escándalo de Odebrecht.

América Latina está en un ciclo redistributivo: la orgía de megaproyectos y subsidios heredada de la gran expansión económica de la última generación, ha dejado en la mayoría de los casos más deuda externa, más desigualdad, y más corrupción. De todo esto se alimenta el outsider. Cuando los nuevos mesías fracasan, vienen los golpes de Estado y los largos periodos de crisis de los países de la región. Si Boric quiere cambiar este paradigma, debe apostar a respuestas institucionales y a la legitimidad de la transparencia. De lo contrario, Chile habrá perdido otra oportunidad, y América Latina mantendrá vivos los clichés del imaginario internacional.


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