Venezuela enfrenta una tragedia de proporciones históricas tras los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron el país sudamericano el pasado miércoles 24 de junio.
Transcurridas más de 100 horas desde el desastre, los equipos de búsqueda advierten que las posibilidades de hallar sobrevivientes bajo los escombros se reducen drásticamente con cada minuto que pasa.
A pesar de la urgencia, rescatistas han denunciado que el gobierno de turno −hoy liderado por Delcy Rodríguez− ha impuesto estrictos controles burocráticos y la militarización de las zonas afectadas.
De acuerdo con los medios El Tiempo y El Colombiano, se ha establecido el requisito obligatorio de un salvoconducto para el ingreso de voluntarios y personal capacitado, el cual debe tramitarse en el Poliedro de Caracas, un recinto diseñado y construido para albergar eventos y espectáculos.
Esta medida −aseguran− ha provocado largas filas y escenas de impotencia, con voluntarios denunciando que estos trámites retrasan labores críticas de búsqueda en momentos donde “el tiempo es oro”. El Ejecutivo justifica las restricciones alegando riesgos epidemiológicos y la necesidad de organizar la ayuda de manera ordenada.
Reporte de incidentes
La gestión de la crisis también ha estado marcada por incidentes con brigadas internacionales y restricciones a la prensa. Se han difundido videos que muestran al ministro del Interior, Diosdado Cabello, en acaloradas discusiones para bloquear el avance de convoyes de rescatistas de Estados Unidos hacia las zonas de desastre.
#URGENTE Tensa interacción entre Diosdado Cabello y rescatista estadounidense.
— Andrews Abreu (@AndrewsAbreu) June 29, 2026
Hasta ahora se desconocen detalles de la situación. pic.twitter.com/BxF7qbRDRh
Por otro lado, el acceso de los medios de comunicación ha sido limitado, permitiendo la entrada a las áreas críticas únicamente a través de autobuses oficiales habilitados por el gobierno.
La respuesta estatal ha sido duramente criticada por sobrevivientes y expertos, quienes señalan que la ayuda inicial fue impulsada por los propios vecinos y por la participación internacional.
El Nacional, medio opositor al gobierno venezolano, recogió el testimonio de Francisco Lermanda, líder de los Topos de Chile (grupo voluntario de búsqueda, rescate y ayuda humanitaria), quien denunció que militares venezolanos obstaculizan las labores de rescate. Según indicó, los equipos de rescatistas internacionales están bajo sospechas de espionaje.
“Un militar se metió en la zona de desastre, donde está nuestra gente metida en túneles, para pedirle los documentos”, contó el líder chileno.
Aseguró además, que cuando se le preguntó a un militar por qué pedían con frecuencia la identificación, este respondió: “Porque nosotros tenemos órdenes de chequearlos cada cierto tiempo porque ustedes pueden ser espías yanquis o de Chile”.
Además, en un video publicado por el medio alemán, DW Noticias, se aprecia a decenas de personas que trabajaban en labores de rescate en la parroquia de Caraballeda cuando confrontaron a un grupo de militares que se encontraba en el lugar realizando labores de vigilancia.
En el video, se ve como un voluntario increpa a los miembros de las Fuerzas Armada Nacional Bolivariana (FANB). “¿Para qué trajeron armamento? Tenían que traer una pala, un pico".
Protesta obliga a militares a participar en rescate tras sismo en Venezuela
— DW Español (@dw_espanol) June 29, 2026
Decenas de personas que trabajaban en labores de rescate en la parroquia de Caraballeda confrontaron a un grupo de militares que se encontraba en el lugar realizando labores de vigilancia. La frustración… pic.twitter.com/V2hBSLbpCP
Actualmente, 2,624 socorristas internacionales de 24 países trabajan con perros especializados y maquinaria pesada para intentar salvar las vidas que aún permanecen bajo las ruinas.
El balance de víctimas ha escalado rápidamente, con registros oficiales que sitúan la cifra en 1,719 fallecidos y más de 3,150 heridos, mientras que las Naciones Unidas estiman que el número de desaparecidos podría alcanzar las 50,000 personas.
El estado costero de La Guaira se ha convertido en el epicentro de la devastación, con un paisaje que recuerda el deslave de 1999. Se contabilizan 774 edificios afectados o colapsados, de los cuales 189 sufrieron pérdida total, además de daños en 38 hospitales y 44 centros comerciales.
La situación se ve agravada por las más de 430 réplicas que han continuado impactando las estructuras ya debilitadas.

