Para muchos migrantes, Puente América, fue el último paso antes del infierno. Esta aldea de 30 casas en Chocó, la provincia más pobre de Colombia, está a menos de 25 kilómetros de la frontera con Panamá si se dibuja una línea recta entre los dos puntos en el mapa. Sin embargo, no existen carreteras rectas en esta espesa selva.
Por lo general, a los viajeros que buscan una vida mejor en los países del norte de América no se les permite ir por medios de transporte regulares de Colombia a Panamá (aunque los hay, desde vuelos directos, lanchas rápidas, hasta senderos ecológicos).
Así que se ven obligados a tomar caminos peligrosos a través de la selva, como el que pasa por Puente América. Llegar a este pueblito es de por sí difícil, pero después, a los viajeros aún les faltan los peores días de camino. A veces van en lanchas rápidas por entre los manglares y, otras, van caminando por senderos resbalosos, para llegar a Juradó, un pueblo más grande en la Costa Pacífica de Colombia, y luego otra vez, toman una lancha para navegar por el río hasta Panamá hasta arribar al pueblo de Yaviza, donde empieza la carretera pavimentada que conecta con Ciudad de Panamá.
La escuela de Puente América, una ruina vacía hecha de grandes tablones de madera, se ha convertido en un refugio improvisado, donde muchos migrantes pasan una noche en su desalentador viaje. En 2015, un periodista colombiano, José Guarnizo, quien también participó en esta alianza periodística, viajó a Puente América, siguiendo el camino de los migrantes. Encontró firmas y saludos dejados por ellos en las frágiles paredes, como una Torre de Babel. Había mensajes escritos en hindi, inglés, nepalí, francés, bengalí y árabe, algunos de ellos con una fecha o un año junto a un nombre.
“Estuve aquí Ahmed Salah, etíope”. “Alhaji Abass de Mamobi”. “Bilal Warrakh, Pakistán”. “Zakari Ganiou le Beninois”. “Amo Bangladesh”. “Que Alá todopoderoso nos guíe”. “Vamos a USA”.
Faiz Almed Jewel, de Daca, Bangladesh, quien explicó que viajaba con otros dos compatriotas, dejó, pegado en la pared, un mensaje escrito a mano en el inglés básico que se podía comunicar:
“Nuestro destino es USA. Cuando tomé esta decisión aquella vez, no sabía que era un vía arriesgada. Esta es la petición especial a mi hermano: no creas en los intermediarios. Son tramposos, son mentirosos. No quieren explicarnos la verdadera historia de esta vía (...) deberías recordar mi consejo cada vez. Sólo recuerda a Alá (...) Intenta rezar el Santo Corán. Esta petición especial para advertir a mi hermano (...) realmente es muy peligroso montar los botes de velocidad a través de la selva. Finalmente, sólo reza por nosotros para un viaje seguro. También rezamos por ti. Que Alá nos salve. No malgastes tu dinero...”
La alianza periodística transfronteriza de Occrp, el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) y otros 16 medios de comunicación, que produjo la investigación conjunta Migrantes de Otro Mundo, se propuso averiguar qué había sucedido con estos migrantes que habían pasado por el peligroso camino. Durante meses intentamos sin éxito buscarlos.
En 2019, el Occrp se puso en contacto con el periodista independiente nepalí, Deepak Adhikari, para que nos ayudara en la búsqueda. Pudo encontrar a un emigrante nepalí que escribió su nombre en la escuela de Puerto América, con el año 2015 al lado.
No revelamos el verdadero nombre del migrante, ya que prefirió no ser entrevistado, porque teme que pueda obstaculizar su proceso de inmigración en los Estados Unidos. Pero entrevistamos a su familia, algunos amigos y gente que conoce bien la vida del pueblo nepalí donde vivió.
Puede leer el reportaje completo en este enlace: Siguiendo el rastro de Ramesh
Este trabajo periodístico se realizó con el reportaje de Nathan Jaccard y José Guarnizo.

