El 11 de julio, Mayda Yudith Sotolongo tuvo la “peor pesadilla” de su vida: llegó a una estación de policía de La Habana para indagar por su hijo detenido en unas masivas manifestaciones antigubernamentales y terminó tras las rejas.
Su reclamo se multiplica en cientos de familias a casi dos meses de las históricas revueltas en Cuba.
“Aunque haya gritado algo [alguna consigna antigubernamental], pienso que no hay razón para tenerlo detenido tantos meses”, declara a la AFP esta enfermera de 50 años, que se esfuerza en contener sus lágrimas.
Ferviente devota a la Virgen negra de Regla, venerada como Yemayá en el culto afrocubano, le pidió el martes en su día “la pronta liberación” de su hijo Yunior Consuegra, un mecánico automotor de 24 años.
Mayda, que no participó en las protestas, contó cómo pasó cuatro días en una prisión, porque, indignada, le dijo a los policías que “si para saber de su hijo” tenía que estar presa, pues que la apresaran. Así lo hicieron, pero ni así lo pudo ver.
En casi dos meses solo ha podido ver a su hijo una vez, lamenta la mujer en su casa, en el barrio humilde de San Miguel del Padrón, en la periferia de La Habana. Fue seis días después de que fuera “detenido y golpeado”, todavía tenía “moretones en los brazos y en la espalda”, precisa.
Yunior, sordo de nacimiento del oído izquierdo y con tumor cerebral, contrajo el coronavirus en prisión, según le contó por teléfono.
El gobierno comunista insiste en que las protestas forman parte de una estrategia de cambio de régimen, apoyada por medios digitales anticubanos, financiados por Washington.
Está acusado de desorden público, un delito que Mayda rechaza: Yunior salió a la calle “por curiosidad” y, al ver que las tropas antimotines comenzaban a reprimir a los manifestantes, “se asustó y trató de llegar a la casa”, pero no lo logró.
“Sé que ella (la Virgen) va a poner su mano, no solo por mi hijo, sino por todos los detenidos”, asegura.
‘Sin fecha de juicio’
En la ciudad de Santa Clara, en el centro de Cuba, la familia de Randy Arteaga, de 32 años, comparte la misma angustia. “Nos preocupa que lleva casi dos meses preso, sin fecha de juicio, a pesar de que ya está acusado de resistencia. Él tiene una niña de seis años”, cuenta a la AFP su sobrina Misaday García, de 21.
En un video en poder de la familia, se ve el momento en que varios policías lo introducen por la fuerza en una van durante las protestas. Según Misaday, Randy se dedica a componer música rap de contenido antirracista.
Decenas de testimonios similares se pueden leer en las redes sociales, pero varios familiares de detenidos declinaron hablar con la AFP por temor a represalias.
En Facebook, Mildrey Castillo explica que presentó, sin éxito, una denuncia ante la fiscalía militar, porque su esposo y su hijastro fueron “golpeados ya detenidos en la estación de policía” de Bauta, un pueblo cerca de La Habana.
El 11 de julio, de manera sorpresiva, miles de cubanos se volcaron a las calles en unas 50 ciudades del país al grito de “Patria y Vida”, “Tenemos hambre” y “Libertad”. Una persona murió y decenas resultaron heridos.

