Bajo presión para que actúe tras la masacre en Uvalde, el presidente estadounidense, Joe Biden, prometió este lunes 30 de mayo “seguir presionando” por una regulación más estricta para el acceso a las armas de fuego, algo difícil dada la estrecha mayoría demócrata en el Congreso.
Biden, que visitó el domingo la localidad de Uvalde en el estado de Texas (sur) y pasó varias horas con los familiares de las víctimas del tiroteo que se saldó con 21 muertos, dijo que “el dolor era palpable”.
El martes, 19 niños y dos maestras fueron asesinados en la escuela primaria Robb por un joven de 18 años, lo que volvió a sumir a Estados Unidos en la pesadilla recurrente de las matanzas escolares.
Durante su visita a Uvalde, Biden escuchó muchas voces que le pidieron: “¡Hagan algo!”.
“Lo haremos. Lo haremos”, respondió.
“Siempre tuve la voluntad” de actuar sobre las armas, reafirmó el lunes ante periodistas, asegurando que “seguiría presionando” a los congresistas.
“No tiene sentido poder comprar algo que dispara hasta 300 balas”, añadió, en clara referencia al rifle semiautomático que portaba Salvador Ramos, el tirador abatido en Uvalde.
La Segunda Enmienda a la Constitución estadounidense, que garantiza el derecho a poseer armas de fuego, “nunca fue absoluta”, agregó el presidente de 79 años, para afirmar que ciertas categorías de armamento fueron excluidas en su momento.
Congresistas demócratas y republicanos estuvieron trabajando durante el fin de semana para tratar de encontrar un acuerdo en este espinoso tema, sobre el que Biden no ha conseguido legislar hasta ahora.
Según reportes, los esfuerzos de enfocan en la posibilidad de impulsar leyes para aumentar la edad legal para comprar armas o que se permita a la policía quitárselas a las personas consideradas peligrosas, pero no en una prohibición total de la venta de fusiles de alto poder como el usado en martes en Uvalde, o en Buffalo, Nueva York, diez días antes.

