MONTEVIDEO, Uruguay. (EFE).- Ni una panacea, ni un camino abierto al caos: para la mayoría de uruguayos de a pie la entrada en vigor de la ley que legaliza la compraventa y el cultivo de la marihuana, reglamentada este viernes, es vista con total indiferencia y como una decisión que no va a cambiar en nada sus vidas.
Mientras todo el mundo habla con entusiasmo, interés u horror de la novedosa legislación uruguaya, la primera del mundo en regularizar y poner en manos del Estado el uso recreativo de esta droga, los ciudadanos de este pequeño país sudamericano se encogen de hombros y apenas matizan, levemente a favor o levemente en contra.
Es un asunto que no entra en los debates del día a día del país. "Es que no va a cambiar nada. No va a ser significativo. Ni va a haber menos delincuencia, ni mas, ni mas fumadores ni menos.
Y nadie se movilizará para cambiar esto aunque no le guste porque así es la idiosincrasia uruguaya. Yo prefiero que no se legalice, pero no haré nada al respecto", confesó a Efe Soledad, una joven uruguaya empleada en una multinacional.
Para esta madre de un niño de dos años, los reparos sobre la normativa vienen de que la legalización de la venta "da un mensaje de aceptación" sobre algo que no es positivo como el consumo de drogas, aunque también reconoce que "con el alcohol es igual" y "nadie piensa en prohibirlo".
"Es un mensaje raro, y eso lo puedo discutir. Pero también está bien que los consumidores se beneficien y puedan tener sus plantitas. Aunque eso es algo que ya antes todo el mundo hacía. Lo tendrán más fácil, creo.
No tendrán tanto lío como antes. Mejor para ellos, pero a mi me da igual", añadió.
