Celebrar cien años de la Academia Panameña de la Lengua es celebrar una historia, pero, sobre todo, a las personas que la han construido. A lo largo de este siglo, filólogos, investigadores, juristas, periodistas, educadores, hombres y mujeres de letras han contribuido a la enseñanza, la investigación y la difusión del español en Panamá.
Son muchas las figuras que podrían mencionarse. Cada una merece una investigación, un homenaje. Este artículo nace del conversatorio realizado el pasado mes en la Feria Internacional del Libro de Panamá, en el que emprendimos precisamente un recorrido. Subimos simbólicamente a un tren y nos detuvimos en cuatro estaciones para encontrarnos con cuatro académicos que representan distintas maneras de acercarse a la lengua: Ricardo J. Alfaro, Baltazar Isaza Calderón, Pablo Pinilla y Elsie Alvarado de Ricord.
Como guía de este viaje nos acompañó Margarita Vásquez, lingüista y directora sustituta de la Academia, con más de seis décadas de experiencia dedicadas a la enseñanza del español y la literatura. Su memoria y su conocimiento nos permitieron acercarnos a estos académicos no solo desde sus obras, sino también desde la experiencia de quien compartió con varias generaciones de estudiosos de la lengua.
Emprendamos, entonces, este viaje. Primera estación: Ricardo J. Alfaro
Alfaro fue una figura fundamental en los orígenes de la Academia. Su preocupación por el contacto entre el español y el inglés, en un Panamá marcado por la construcción y la administración del Canal, quedó plasmada de manera significativa en su Diccionario de anglicismos. Su obra nos recuerda que las lenguas están en permanente contacto y que las transformaciones lingüísticas responden también a las circunstancias históricas y sociales de sus hablantes.
El tren continúa su recorrido y llegamos a la segunda estación: Baltazar Isaza Calderón
Reconocido por Sidya Candanedo como un gran humanista, Isaza Calderón dejó una amplia obra en la que abordó los estudios literarios, la doctrina gramatical de Andrés Bello, el español de América, la gramática histórica y los panameñismos. Su trayectoria revela una concepción amplia del estudio de la lengua, entendida desde su historia, su evolución y sus manifestaciones particulares en la sociedad panameña.
Nueva parada. Tercera estación: Pablo Pinilla
Catedrático de Gramática, Griego y Latín de la Universidad de Panamá, Pinilla estuvo estrechamente vinculado con la enseñanza y el uso del idioma. Obras como Notas sobre el lenguaje y Cuida tu idioma reflejan su preocupación por la formación lingüística y el conocimiento consciente de la lengua. Su legado plantea una cuestión todavía vigente: cómo enseñar el idioma sin perder de vista su riqueza, diversidad y capacidad de transformación.
El recorrido llega a su cuarta estación: Elsie Alvarado de Ricord
Figura fundamental de la investigación lingüística en Panamá, Alvarado de Ricord representa el compromiso con el estudio sistemático de la lengua y con la documentación de sus usos. Su legado recuerda que conocer el español exige observar no solo sus normas, sino también las formas en que los hablantes lo utilizan, transforman y vinculan con su realidad social y cultural.
Estas cuatro estaciones nos permiten comprender que el estudio de la lengua española en Panamá ha estado acompañado, durante un siglo, por preguntas distintas, pero relacionadas. Alfaro se ocupó del contacto lingüístico; Isaza Calderón, de la gramática, la historia y las particularidades del español de América; Pinilla, de la enseñanza y el uso; y Alvarado de Ricord, de la investigación lingüística.
Cabe señalar que todo viaje al pasado cobra sentido cuando permite comprender el presente e imaginar el futuro. Al llegar a la última estación, quedan abiertas nuevas preguntas: qué fenómenos del español panameño debemos investigar, qué transformaciones están experimentando sus hablantes y qué voces aún no hemos escuchado.
El centenario de la Academia es una invitación a nuevos investigadores para que continúen esta tarea: hemos recibido un legado y tenemos la responsabilidad de ampliarlo.
La autora es lexicógrafa, académica correspondiente, coordinadora de PRESEEA-La Chorrera y de GIILCS.

